Luz del Señor, Hasday Crescas

[Or Adonai]. Entre los epígonos de la civilización hispano hebraica figura en lugar muy destacado Hasday Crescas, por su obra filosoficoteológica Luz del Señor.

Hasday Crescas nació en Barce­lona en el año 1340; el apellido Crescas es la traducción romance del nombre hebreo Sémah y era corriente entre los judíos de Cataluña y Mallorca. Seguramente Hasday Crescas se formó en la escuela talmúdica que tenía en Barcelona el célebre talmudista Nisim ben Réubén Girondi, cuyo espíritu reli­gioso y cuya posición filosófica continuaría nuestro Hasday. Gozó de gran prestigio entre los suyos, de modo que en la corte de los reyes de Aragón, Pedro IV y Juan I, fue con­firmado como alta autoridad talmúdica de la aljama de Zaragoza y luego de todas las comunidades judaicas de la Corona de Ara­gón. Hasday mantenía también muy buenas relaciones con don Enrique de Villena, y, a base de estas relaciones, sabemos que Hasday ejercía la medicina dando mucha importancia a los encantamientos y amule­tos. Durante la catástrofe antisemita de 1391 perdió a su único hijo, y luego le encargó el Rey la restauración de las aljamas he­braicas.

Comprendiendo Hasday los peligros que para la fe suponía la filosofía averroísta, entonces de moda, se dedicó a escribir su obra Luz del Señor (1410), si bien sólo apareció la primera parte. En rigor Hasday Crescas quiso cumplir para su generación un cometido análogo al que cumplió Maimónides en la suya: facilitar los caminos de la fe solucionando las dificultades desde un punto de vista filosófico. Pero la posi­ción de Hasday era muy distinta a la de MaimónidesV éste se apoyaba, en general, en Aristóteles, y precisamente Hasday hace en su obra una crítica despiadada y sagací­sima de todas las dificultades que entraña­ban la metafísica y la física aristotélicas. Nuestro autor no era un intelectualista, como Aristóteles, sino que, como un voluntarista, reconocía los derechos del corazón. De este modo Hasday Crescas, con su obra, fue uno de los autores que contribuyeron a la crisis del aristotelismo a fines de la Edad Media.

J. M.a Millas Vallicrosa