Lucifer, Joost van den Vondel

Es una de las tragedias más famosas de Joost van den Vondel (1587- 1679), representada en 1654. Apolión, envia­do por Lucifer (v.) a la tierra para observar el Edén y la primera pareja, vuelve refirien­do la bienaventuranza y la belleza de los hombres. El arcángel Gabriel confirma la noticia anunciando que Dios ha creado al hombre para elevarlo por encima de los ángeles, y a Lucifer, que pregunta por qué Dios prefiere los hombres a los ángeles, le responde que ésta es la decisión de Dios y que no es lícito querer conocer las razo­nes que le mueven. Lucifer jura entonces que lo arriesgará todo para defender sus derechos, y en vano Apolión trata de disua­dirlo haciéndole ver los peligros de lan­zarse contra el arcángel Miguel. Lucifer insiste y se unen con él muchos rebeldes que le eligen por jefe. Gabriel exhorta a Miguel a armarse, y por última vez Rafael trata de convencer a Lucifer a que deponga las armas; en Lucifer empieza a surgir el temor, pero ya es demasiado tarde.

Apolión le anuncia la llegada del ejército de Miguel, que los rebeldes se disponen a encontrar, mientras Rafael llora sobre el destino del orgulloso- Miguel vence en la batalla, y el escudero Uriel va a anunciarlo, añadiendo que Lucifer, herido por el rayo de manos de Miguel, ha sido precipitado, transfor­mándose en un monstruo repugnante, Mientras Miguel entra triunfante, llega la noticia de que también Adán ha caído, seducido por Belial por orden de Lucifer. Como en las tragedias griegas, el coro sub­raya los pasajes más dramáticos de la ac­ción, ya cantando las grandezas de Dios, ya reprochando a los rebeldes su actitud, ya llorando sobre las miserias de la guerra civil, ya rogando por Lucifer para que sea perdonada su sacrílega acción. La tragedia termina con la predicción del nacimiento de Cristo, que redimirá a la humanidad de la culpa de Adán. Se ha querido ver en Lucifer una alegoría política, y en la re­vuelta de los ángeles contra Dios una alu­sión a la sumisión de los Países Bajos al rey de España. Pero en realidad el drama nació del nuevo fervor de magnificación cristiana que se advierte en el Seiscientos y que había sugerido ya el Adán (v.) de Andreini, como más tarde dará ocasión al Paraíso perdido (v.)’ de Milton.

H. Henny