Lucha por la Coraza del Príncipe Inaros, Anónimo

Largo texto narrativo egip­cio, sobre papiro, en demòtico, del año 200 a. de C., al que falta, en su estado actual, un fragmento inicial en que se exponían los antecedentes. El tema gira en torno a la lucha, rica en episodios, que provoca Pemü el joven para recobrar la coraza de su padre, el príncipe Inaros, señor de Heliópolis, astutamente escamo­teada por el príncipe y gran sacerdote de la ciudad de Mendes, inmediatamente des­pués de la muerte de Inaros.

La coraza, de fina y valiosa labor, garantizaba a quien la poseía la completa victoria en el com­bate: así lo había profetizado un oráculo. Pemú el joven prorrumpe en altas y repe­tidas lamentaciones ante su soberano Petubaste, el cual, como hombre pacificador y por naturaleza inclinado a la paz, prueba por todos los medios de hacer devolver la coraza a su dueño. Fracasados los buenos oficios del rey, es necesario recurrir a la violencia. Los dos contendientes se citan en el lago de la Gacela, cerca de Buto, el uno para lograr, con las armas, la restitución de la coraza, el otro para asegurarse su ilegal posesión. También otros príncipes de Egipto toman partido por uno y otro de los contendientes, y cada uno arma a sus hom­bres. En el lugar señalado para el combate, el gran sacerdote de Mendes y Pemú, que se ha adelantado a sus hombres de armas, inician un encarnizado duelo. Mientras Pemü presiente que llevará la peor parte, uno de sus siervos le anuncia a grandes voces que ve perfilarse en el horizonte una de sus naves, movida a gran fuerza de remos por la chusma, que está tomando viento. Sigue una pausa para dar tiempo a que desembarquen los recién llegados. El rey Petubaste, mientras tanto, revestido de las insignias del poder, sube a su alta tribuna para asistir a la refriega.

Con los recién llegados figura un combatiente, bello de aspecto, de alta estatura, seguido por guerreros a caballo y una multitud de infantes. Es un hijo de Inaros, que, avisado por un sueño, se ha personado a aquel lugar. Se lanza al combate y hace una matanza de adversarios. Los enemigos se dispersan ante su presencia, como ante Sahme, la diosa- leona, cuando se enfurece. El propio rey cree deber intervenir, compadecido de los egipcios muertos. Mientras tanto Pemú ha vencido al gran sacerdote de Mendes, y tiene ya levantado el brazo para dar a su ad­versario, tendido en el suelo, el golpe mortal, cuando se detiene, porque «el hombre no es como una caña, que renace una vez cortada». En el curso de la pelea, la coraza del difunto Inaros es encontrada y recon­quistada en una de las naves, y con gran solemnidad es devuelta a Heliópolis. El relato es denso en acontecimientos, en los que toman parte figuras de primer plano y otras secundarias, cada una de ellas tra­zada con rasgos propios y bien diferencia­dos. Son notables las descripciones de los vestidos, las armas de los combatientes y las distintas fases de la pelea y los episo­dios sueltos más sobresalientes. Como se ha observado agudamente, el autor de este texto narrativo se revela buen lector de la Ilíada (v.), de la cual recuerda más de un episodio.

E. Scamuzzi