[Les Plaideurs]. Comedia en tres actos de Jean Racine (1639- 1699) estrenada en París en noviembre de 1678. En una ciudad de la Baja Normandía, vive el juez Dandin, tan apasionado por su oficio que llega a perder la razón, por lo que su hijo lo recluye en casa, haciéndole guardar por los criados, a fin de que no escape al Tribunal. En la vecindad vive el burgués Chicanneau que tiene la manía de entablar pleitos; de su hija Isabel, que el padre guarda celosamente en el hogar, está enamorado Leandro, hijo de Dandin. Otra dama loca por los procesos, la marquesa de Pimbesche, se pelea con Chicanneau, que se burla de ella. Con una citación de la condesa y vestido de alguacil, acude el secretario de Dandin, seguido de Leandro disfrazado de comisario.
Chicanneau, en presencia de la hija, comienza por ultrajar al fingido alguacil, pero termina después por doblegarse ante la majestad de la ley; entonces tiene ocasión Leandro de declarar su amor a la joven. Dandin, entretanto, ha huido de su casa y, como juez, puede escuchar las quejas de Chicanneau, de la condesa y del falso alguacil; desde una sala baja, en el sótano, continúa juzgando por una ventanita. Consigue al fin huir y pretende formar el tribunal; pero el hijo le retiene, permitiéndole que ejerza a sus anchas el oficio de juez en su propia casa, contra el perro Citrón, que robó y devoró un capón; se celebra un juicio en toda regla, con largos discursos de acusación y defensa, oyendo los cuales queda dormido el juez. Cuando despierta, se presenta Isabel, que le enternece, y con un último engaño da su consentimiento al matrimonio, mientras se absuelve al perro. Sugestionado por Las avispas (v.) de Aristófanes, Racine, que pensaba crear un simple juguete para los cómicos italianos, logró una comedia regular, más terenciana que aristofanesca; del griego mantiene sólo la burda farsa del proceso perruno. Algunas sugerencias de sus amigos Boileau y Furetiére, la ingrata experiencia de un proceso y la rica tradición de la literatura antiforense, en Francia, sirvieron al autor trágico para escribir su única comedia, felizmente lograda y notable por su verso ágil, desenvuelto y caprichoso.
V. Lugli
* Imitación de Racine es la comedia Los litigantes o El juez loco de Girolamo Gigli (1660-1722), estrenada en 1704. La imitación se limita al motivo inicial, ya que los acontecimientos se desarrollan de distinta forma. La demencia del doctor Balanzone (v.) se agita más vivamente que la del Dandin raciniano, originándose no sólo el proceso contra un perro y un gato, sino la intervención con grandes efectos cómicos, en la disputa, del poeta Amaranto y el mesonero Lardello, culpable de haber utilizado el laurel de las musas para condimentar un plato de hígado y emplear las obras del poeta, que por otra parte es su deudor, para envolver tocino.
U. Déttore
# El mismo título de Los litigantes tiene una comedia de Alberto Nota (1775-1847) basada en la tozudez del conde Polidio y la condesa Gertrudis, siempre en litigio por la total propiedad de un palacio que poseen a medias.

