Los Lazos Invisibles, Selma Lagerlof

[Osynliga länkar]. Colección de veintiuna narraciones de la escritora sueca Selma Lagerlöf (1858- 1940), publicada en 1894. Las narraciones de la primera parte («Leyenda y fantasía»), desde las «preciosas leyendas de las reinas en Kungahälla», a las leyendas cristianas («El tesoro de la Emperatriz», «El rey des­heredado», etc.) tienen todas un significado moral, enlazadas entre sí por la idea de que las almas humanas y la naturaleza están unidas por lazos invisibles.

Típica es a este propósito la narración del «Nido de las aguzanieves». Un viejo anciano eremita, con las manos en alto, invoca la destrucción del mundo, demasiado cargado de culpas y errores. Pero en la mano alzada e inmó­vil del anciano viene a hacer su nido un par de aguzanieves. Aquellos pajarillos le han tomado por un árbol, y a sus brazos por las ramas. Entonces el corazón resecado del ermitaño se estremece: observando a los graciosos animalitos, toma de nuevo in­terés por los seres vivientes cuyo exter­minio imploraba poco antes; y se convierte en su protector, y en su ánimo se difunde el sentimiento liberador y consolador de la simpatía y la comprensión entre las cria­turas de Dios. También «Astrid», la primera de las cuatro leyendas de las reinas de Kungahälla, culmina en un acto de reden­ción y santificación. «La princesa de la paz» y «Sigrid la soberbia», en un sacrificio su­blime, mientras que en la «Reina en el islote de Ragnhild» son ridiculizados con delicada ironía la débil voluntad, la inde­cisión, y los prejuicios humanos.

De diverso carácter son las narraciones de la segunda parte («Realidad»); de tipo novelesco. «El tío Rubén» tenía tres años cuando, en una tarde de marzo, después de haber jugado al trompo, se durmió a la sombra en el pel­daño de la entrada de la casa, enfermó y murió. Ninguno de los otros hijos fue tan querido por su madre como el pequeño que murió, el cual se torna tan pronto vivo para sus hermanitos como para su madre. El amor materno hace de él una persona ma­yor. Entre los sobrinos serpenteó una re­vuelta contra aquel tío Rubén que se había convertido en un espantajo; pero no había manera de escapar a su tiranía; cuando cre­cieron y tuvieron hijos también ellos se sirvieron del tío Rubén como habían hecho sus padres. «Aunque abusaran de él de aquel modo, tío Rubén había de seguir siendo siempre persona mayor, por haber sido tan amado». [Trad. española del sueco por Heraldo Eek y Miguel Sarmiento (Bar­celona, 1926)].

C. Schimansky