[I giuochi della vita]. Colección de novelas cortas de Grazia Deledda (1871-1936) publicada en 1901. Son doce novelas, tres de las cuales, la primera, que es la que da título al libro, «El broche» y «Por su criatura» se apartan de los temas y las maneras acostumbradas en su autora, y no son de las más felices de la obra.
Los juegos de la vida narra la mísera existencia de unos jóvenes esposos que han ido a establecerse en Roma, en busca de fortuna. El marido, empleado en loterías, gana lo suficiente para no morir de hambre; su esposa Carina ha escrito una novela «Primavera» que es rechazada sistemáticamente por editores y revistas. Carina resiste valientemente las desilusiones y la miseria hasta el día en que siente en su seno el hijo esperado; entonces en el amor materno halla fuerzas para renunciar a su orgullo literario, y vende su manuscrito a un individuo que quiere pagarse el gusto de fingirse escritor, y que publicará aquella novela con su nombre. Esta narración, privada de colorido, de vigor, se prolonga sin auténtica justificación, y suena a falso, cosa insólita e inesperada en los escritos de Grazia Deledda. Lo mismo se puede decir de «II Fermaglio («El broche») que se desarrolla en una finca lombarda, y «Per la sua creatura» («Por su criatura»), que es la historia de un sueño. «La morte scherzá» («La muerte juega»), es, en cambio, el mejor cuento del volumen; narra la historia de tía Areca, una rica octogenaria, cuya muerte es ardientemente deseada por sus nietos pero que, recupera vida y fuerzas con el aire del mar a cuyas orillas ha mandado que la lleven, mientras el novio de su nieta Rosa, Antonio María, robusto joven de veinte años, se ahoga bañándose, después de una noche de amor.
En estas páginas, como en el breve cuento «Mentre soffia il Levante» («Mientras sopla el Levante»), reaparece la facultad, propia de Grazia Deledda, de infundir en sus narraciones un sentido profundo y sencillo de fatalidad, que da a la narración un ritmo lento, una vastedad de horizonte, en que los sentimientos y los pensamientos se tornan lentos, esenciales, casi bárbaros. También en las tres narraciones «Per rifles- so» («Por reflejo»), «Padre Topes», («El padre Topes»), «Il veccio servo» («El viejo criado), se reconoce el sello de aquel arte que habrá de afirmarse de manera tan segura en sus obras mayores. Grazia Deledda obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1926. En este libro el lenguaje es aún descuidado y los episodios poco vigorosos.
O. Nemi

