Los Juegos Florales de Canprosa, Santiago Rusiñol

[Els Jocs Floráis de Canprosa]. Co­media en un acto y en prosa del pintor y escritor catalán Santiago Rusiñol (1861-1931), escrita en Mallorca y estrenada en el teatro Romea, de Barcelona, el día 29 de abril de 1902. La obra, caricatura satírica de la tradicional fiesta de los Juegos Flo­rales, promovió, al ser estrenada, un rui­doso escándalo, a pesar de la superficiali­dad de su concepción. La arquitectura de la comedia, sin duda una de las mejores del autor, se reduce a una sencilla situación escénica y una débil intriga amorosa que le da sentido argumental.

En el marco de un entoldado de Fiesta Mayor del pequeño pueblo rural de Canprosa (contracción fa­miliar de «Casa de la Prosa») se celebran unos Juegos Florales. María, personaje sentimentaloide y desdibujado, el típico perso­naje ingenuo, pobre e idealista de princi­pios de siglo, está enamorada de Tonet, que ha ganado la «Flor Natural». Abriga la ilu­sión de ser la reina de la fiesta, pero Tonet elige a la vanidosa Júlia. Ramón, periodista, ex poeta, entre irónico e idealista, se siente atraído por la dulzura de María. Uno y otro acaban enamorándose y, antes de terminar la fiesta, abandonan el entoldado. Los poetas no premiados, descontentos, arremeten con­tra el jurado. Cae el telón en medio de grandes discusiones y los cantos estentóreos un himno patriótico.

La comedia, de una acosada pobreza idiomática, es rica en moti­vos y personajes, no exentos de intención. Con todo, más que una sátira honda y tras­cendente, es una deliciosa caricatura, que consigue finos aciertos en el trazado de mu­chos personajes secundarios, algunos de los cuales son de fácil identificación en el mun­do literario de la época.

J. Molas