Obra del mercedario Tirso de Molina (Fray Gabriel Téllez, 15849-1648). La más antigua edición conocida es la impresa en Barcelona en el año 1631, que repite una de Madrid, anterior en seis años, y como quiera que la aprobación para aquella impresión lleva la fecha de 1621, a esta época se hace remontar la primera edición original de la obra. Tirso recoge en ella, en forma miscelánea, fábulas, cuentos y disertaciones en prosa con diversas poesías y tres comedias intercaladas. Su título procede del nombre de las casas de campo toledanas («cigarrales») situadas junto al Tajo, donde Tirso imagina que un grupo de amigas se reúne y discurre por tumo, en alegres conversaciones, y en toda suerte de diversiones intelectuales. Los «cigarrales» habían de ser veinte, pero solamente los cinco primeros fueron publicados por el autor, quien en el prólogo anunció la segunda parte: «Puédote afirmar — dice al lector — que está ya comenzada, y en tanto que se perfecciona, dadas a la imprenta Doce comedias, primera parte de muchas que quieren ver mundo entre trezientas que en catorze años han disipado melancolías y honestado ociosidades. También han de seguir mis buenas o malas fortunas, Doze nobelas, ni hurtadas a las toscanas ni ensartadas unas tras otras como procesión de disciplinantes, sino con su argumento que lo comprenda todo».
Pero ni las novelas, ni la segunda parte fueron publicadas jamás. Los cinco primeros «cigarrales», que demuestran una experiencia de vida mundana maliciosa y galante, contienen tres comedias: El vergonzoso en palacio (v.), que es la mejor, Cómo han de ser los amigos y El celoso prudente, que fue imitada por Calderón en el drama A secreto agravio, secreta venganza (v-). Cada una de estas comedias va seguida de un discurso crítico, en uno de los cuales, a las reglas de la unidad dramática, opone Tirso la libertad de Lope de Vega, su maestro. Entre las narraciones, la mejor es la novela al modo de Boccaccio titulada Los tres maridos burlados, que cuenta las malas tretas jugadas por tres señoras a sus respectivos maridos. Tanto los versos como los cuentos y las otras prosas, merecieron por la feliz armonía de sus tonos líricos y descriptivos, y por la atenta observación de los movimientos del ánimo, el elogio de Lope: «los ásperos cigarrales / convierte en selvas de amores». Pero más que por la prosa y los versos, en que Tirso sacrifica a un «cultismo» que, sin embargo, tiene fuerte acento individual, esta colección se recomienda por la soltura de las comedias. Afín a Los cigarrales de Toledo es la colección Deleitar aprovechando, publicada en Madrid en 1635. También tiene forma de miscelánea y recurre también a un marco para dar una ficticia unidad a la materia. Pero esta vez Tirso se propuso un fin moral, que divirtiendo quiere edificar y, en vez de los amigos que buscan alegres entretenimientos, pone en escena tres familias reunidas con ocasión del Carnaval en devotas veladas durante las cuales se narran vidas de santos (es bella con su deliciosa mezcla de historia y de leyenda la del Bandolero, o sea, de San Pedro Armengol), se recitan versos sagrados y se representan los tres «autos sacramentales»: Él colmenero divino, Los hermanos parecidos y No le arriendo la ganancia.
C. Capasso

