Li T’ai-Po Chi, Li T’ai-po

[Colección de Li T’ai-po]. Colección de poesías de Li Po, llamado también Li T’ai-po (699-762). Este extraño poeta, gran bebedor, que bajo el influjo del vino escribió sus mejores poesías, estuvo durante la primera parte de su vida retirado entre las famosas montañas del Szu-ch’uan. Tras una afortunada estancia en Chang’an, entonces capital del Imperio, donde fue admirado por el Emperador y a causa de una calumnia no pudo lograr un puesto en la corte, se alejó de la capital y pasó en la me­lancolía la última parte de su vida. En melancolía la última parte de su vida. En­tonces escribió: «Desenvaino la espada para cortar el agua, pero el agua corre más cada vez; alzo la copa para ahuyentar la tristeza, pero la tristeza aumenta todavía más».

Su colección comprende millares de poesías, que pueden darnos alguna idea de su pen­samiento. Según él, el universo ha sido creado, como diversión, por los dioses,, miembros de una sociedad divina, medio­cremente constituida. El hombre está sujeto al destino que le está asignado; por eso lo único que conviene al hombre es divertirse, gozando del vino y de las mujeres: «Cuando estaba ella, lleno de flores estaba el sa­lón, y después de su partida quedó el lecho vacío. Los cobertores bordados están doblados y sin usar, después de tres años todavía noto su perfume. El perfume no se ha extinguido aún, pero ella no ha vuel­to». Y sobre el vino: «¿No ves que el agua del río Amarillo viene del cielo, y corre veloz hacia el mar, sin volver atrás nunca? ¿No ves que ante el espejo, los cabellos que antes eran como hilos oscuros de seda, son ahora blancos como la nieve? Cuando llega el momento oportuno hay que divertirse sin freno; no dejar nunca la copa de oro… Asemos corderos y terneras, démonos a la alegría y bebamos cada vez trescientas copas de vino. ¡Maestro Ts’en y discípulo Tap, jamás debéis rehusar la oferta de vino!… No son precisamente mag­níficas la buena música y las suculentas comidas (imperials), porque a ellas pre­fiero yo una borrachera de la que no des­pierte…»

Después de tantos vagabundeos y aventuras, nuestro poeta, según la tradi­ción, se ahogó en un río, por haberse incli­nado demasiado fuera de la barca para abrazar los reflejos de la luna, después de haber escrito su última poesía: «Entre las flores, una caldera de vino. ¡Ay!, me en­cuentro solo, ningún compañero me com­prende. Alzo la copa e invito a la brillante luna, me enfrento con la sombra; estamos tres en compañía…» Además de las poesías dedicadas al vino y a las mujeres, hay mu­chas otras dedicadas a hechos históri­cos, guerras, etc. Es difícil distinguir en la colección las poesías auténticas de Li Po; parece como si ésta fuera una colección de poetas decadentes chinos. La liberalidad y la vanidad, la viva mezcla de motivos agradables y motivos patéticos, mantienen siempre viva la obra. Li /T’ai-po es un poeta excepcional para la China, y ha sido definido como «un caso», en la literatura de aquel país. Y, en efecto, el ímpetu, el ardor de su inspiración poética no se en­cuentra en ningún otro poeta y son de naturaleza extraña al temperamento chino; de aquí su apelativo de «genio celeste» que le dan sus connacionales, los que, por otra parte, prefieren a Tu-Fu, más adecuado a sus gustos.

El carácter «extranjero» del temperamento poético de Li T’ai-po ha hecho surgir en estos últimos tiempos la duda de si en las venas del poeta corría sangre que no fuera china, y P. Pelliot hasta ha avanzado la hipótesis de que fuera nacido en el Suyab, el actual Turquestán ruso. Otras consideraciones harían la supo­sición bastante probable. Sea como sea, es cierto que la poesía de T’ai-po es de un ca­rácter semejante a la occidental, lo que explica que el lector chino se sienta a menudo desconcertado y no le aprecie en su valor. Trad. con el título Poesías de Li Po, de L. N. de Giura (Lanciano, 1930). Cfr. J. Edkins, On Li T’ai-po, with Examples of his poetry, «Journ of Peking Or. Soc.». Vol. II: S. Obata, Li Po, 1922; E. Zach, Li Po, «Asia Major», (Leipzig, 1925 y sig.).

P. Siao Sci-Yi