[The Adventures of Ferdinand Count Fathom]. Novela picaresca de Tobias Smollett (1721-1771), publicada en 1753. En el prefacio dice Smollett que se propone mostrar un carácter malvado, que sirva de guía para que los demás no se dejen caer en el abismo de la perdición. Pero este prefacio, como las observaciones morales diseminadas por la obra, son un mero recurso: en realidad, Smollett se deleita en narrar las impresiones de su delincuente, un verdadero delincuente, no el consabido bribón simpático de las novelas picarescas. Fernando, hijo de una prostituta, sigue al ejército de Marlborough; haciéndose pasar por conde de Fathom logra penetrar, gracias a su astucia, en la familia del conde alemán Melville. Deserta de la guerra de los Treinta Años, y sus fraudes y seducciones se suceden a cuál peor. Su más fea hazaña es la traición al honrado Reinaldo hijo del conde, y su tentativa de seducir a Monimia, con quien Reinaldo está a punto de casarse y que logra sustraerse a la violencia de Fernando, simulando la muerte.
Reinaldo va por la noche a visitar la tumba de Monimia y en la iglesia se le aparece el blanco fantasma de su amada al conjuro de una solemne música de órgano, pero al final, no se trata de un fantasma, sino de la propia mujer en carne y hueso. Por fin se descubren los delitos de Fathom y se le aprisiona; pero presa de imprevista e inexplicable contrición, se le perdona y se redime (también Gil Blas (v.), se redime, pero Gil Blas no era un criminal nato; fueron las circunstancias las que le lanzaron a la mala vida). Tras esta conversión poco convincente (que según la moral de Smollett parece ser la consecuencia que sucede al vicio), hallamos de nuevo a Fathom en la Expedición de Humphry Clinker (v.), convertido en un virtuoso boticario de pueblo. La novela se resiente del ambiguo punto de vista del autor, que no ha sabido tratar el argumento, ni a la manera de la narración picaresca, desprovista de prejuicios, ni con el tono de fría ironía del Jonathan Wild de Fielding (v. Historia de la vida del difunto Mr. Jonathan Wild), a un principio sardónico, se opone un fin sentimental. En el curso de la obra se encuentran situaciones que tratan de crear una atmósfera de terror y que claramente se anticipan a la novela «gótica» de Mrs. Radcliffe.
M. Fraz

