[La Princesse de Bdbylone]. Narración de Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-Í778), publicada en Ginebra en 1768.
En Babilonia organizan un certamen entre los tres pretendientes de la bellísima princesa heredera, Formosanta. Los reyes de Egipto, de las Indias y de Escitia se miden en vano en las pruebas que exigen fuerza física, dotes espirituales y la posesión del objeto más raro del mundo. Les supera, en cambio, un desconocido, que asiste a la fiesta montado en un unicornio, teniendo en la mano un pájaro maravilloso: el Fénix. No es ningún rey, sino el hijo de un pastor de los Gangaridas, y teniendo que regresar a su país, por estar muriendo su padre, deja a Formosanta su Fénix. El maravilloso pájaro, hablando a la princesa de los grandes méritos de su señor, Amazan, logra enamorarla de él, al punto que Formosanta y el Fénix parten en su busca.
Pero Amazan, loco de celos y de amor por una falsa noticia sobre una aventura de la princesa, vaga por el mundo perseguido por las ofertas de amor de todas las mujeres que encuentra. La larga persecución de los dos enamorados da al autor el pretexto para describir varios países, a los que unas veces menciona por sus nombres y otras por los que él se complace en atribuirles. Así pasamos del sabio emperador de China a los salvajes de Escitia (Siberia); del imperio de los cimerios (Rusia), que ha progresado mucho bajo el sabio gobierno de su soberana Catalina, a Escandinavia, donde increíblemente existen al mismo tiempo libertad y monarquía. Entre los sármatas (polacos) reina un filósofo (Stanislao Poniatowski), excelente piloto de su buque sacudido por eternas tempestades. En alemania se encuentran hombres que se atreven a ser razonables.
Los batavios son libres y sabios, pero sosos. Albión goza, después de muchas luchas, del gobierno más perfecto del mundo. Italia asombra a los viajeros con las rarezas de las costumbres de Venecia y especialmente con el ceremonial y los incomprensibles privilegios del Viejo de las siete colinas (el Papa). París consigue desmoronar la fidelidad de Amazan debido al encanto de una frívola cantante. Los dos enamorados consiguen encontrarse por fin en Sevilla, donde Amazan salva a Formosanta de la hoguera a la que había sido condenada por la Inquisición. De aquí, después de otras aventuras, los dos consiguen volver a Babilonia, donde se casan y reinan felizmente. En este «cuento de hadas para mayores», Voltaire, al igual que en los otros cuentos suyos, no se propone ni una refinada psicología (de sus personajes se sirve como de unos esquemas para expresar de una manera clara y concreta sus ideas) ni una lógica concatenación de hechos, que humillaría la libertad de su fantasía; pero son principalmente admirables su prodigiosa riqueza de ideas, la fascinación singular de su sátira, su predilección por la tolerancia y la claridad de su estilo, que parece matemáticamente hecho a la medida de la imagen y el pensamiento.
E. C. Valla
En verdad los franceses no verán nunca más un ingenio que pueda compararse a Voltaire. (Goethe)
Voltaire conseguía suplir su falta de genio con un gran conocimiento de la técnica y una buena dosis de energía. (Strackey)
No tuvo el gusto ni el sentido profundo del arte y de la poesía; tenía la timidez de un niño, la repugnancia de una mujer cita ante la verdadera naturaleza y los maestros que la expresaron. No creyó sino en la razón, pero estaba demasiado convencido de que sus costumbres, ^sus prejuicios y sus principios eran la forma universal y eterna de la misma. (Lanson)
La narración de Voltaire no hay que tomarla en serio como «narración filosófica»; la pretensión filosófica es siempre baja y desesperadamente fácil y grosera, como siempre. (M. Bontempelli)

