La Marquesa de O, Heinrich von Kleist

[Die Marquise von O.]. Después de Miguel Kohlhaas (v.) es la más importante y pintoresca de las Narraciones (v.) de Heinrich von Kleist (1777-1811).

El argumento, quizá sugerido por una anécdota de Montaigne en su en­sayo sobre la embriaguez, tiene un atrevi­miento inusitado para su época y suscitó grandes críticas, especialmente entre las damas intelectuales; pero está tratado con tal castidad de forma que confiere a la obra una indiscutible nobleza. La escena se desarrolla en Italia septentrional, pero los personajes, especialmente el padre de la protagonista, tipo de coronel prusiano, son típicamente alemanes. La marquesa, viuda virtuosa, madre e hija amorosa, es hallada desvanecida por un oficial ruso en la toma de la ciudadela mandada por el padre de ella, y la salva de manos de los asaltan­tes cosacos. Ella conserva de él, que más tarde es herido y se le cree muerto, un recuerdo agradecido. Cierto día, inespera­damente, el oficial reaparece y pide ca­sarse sin dilación con la marquesa; pero sus modales asombran a la familia, que rechaza cortésmente su solicitud. Al poco tiempo, la marquesa advierte que está en­cinta; sus mismos padres no quieren creer en su inocencia, su padre llega a repudiarla y ella, retirándose con su hijito en una quinta, decide publicar en un periódico su vergüenza, invitando al culpable a pre­sentarse para legitimar a su hijo. Entre­tanto, sus padres, convencidos de su ino­cencia, la recogen en su casa.

Cuando el culpable se presenta, la marquesa reconoce en él al oficial ruso, que confiesa haber abusado de ella mientras estaba desmayada. Indignada, ella le obliga a no dejarse ver, pasada la boda, pero en el bautizo del niño muestra tal generosidad, que la marquesa, que en el fondo le amaba, se reconcilia con él. Es notable el paralelismo con el problema tratado en Miguel Kohlhaas: allí, el reconocimiento de la inocencia se trans­forma . en una fuerza activa, que después sucumbe al recurrir a medios ilícitos; aquí la conciencia de la inocencia se transforma en fuerza pasiva, y sin embargo, victoriosa.

C. Baseggio-E. Rosenfeld