La Guerra de las Vísperas Sicilianas, Michele Amari

[Guerra del Vespro siciliano]. Esta obra vio la luz por vez primera en 1842, en Palermo, con el título Un período de las historias sicilianas del siglo XIII [Un periodo delle istorie siciliane del secolo XIII]; pero el copioso material inédito en­contrado en Francia obligó al autor Michele Amari (1806-1889) a activar la edición parisiense de 1843 con el nuevo título. Mientras hasta entonces era opinión común­mente acreditada entre los investigadores que las Vísperas fueron obra de una vasta conjuración de elementos de la aristocracia siciliana de acuerdo con Pedro de Aragón, Amari demostró que «fue un tumulto al cual dio ocasión la insolencia de los domi­nadores, y originó y dio fuerza la condi­ción social y política de un pueblo ni acos­tumbrado ni dispuesto a soportar una do­minación tiránica y extranjera», y que a su pueblo y no a sus potentados, Sicilia debe esta revolución que en el siglo XIII la salvó de la vergüenza final… y del ani­quilamiento».

Y mientras que anteriormen­te la historia «se detenía en el caso de las Vísperas o todo lo más en el cambio de dinastía a que dio lugar», Amari siguió los complejos acontecimientos de la guerra has­ta la paz de Caltabellotta, que sancionaba el reconocimiento de la nueva dinastía ara­gonesa en Sicilia. En la edad de las revo­luciones nacionales y de la formación de los Estados liberales representativos, Amari vio en la revolución de las Vísperas la fuer­za que, «manteniéndose fuerte y victoriosa al terminar la guerra, legó al porvenir una gran tradición y un estado político que menguó muchísimo la autoridad real» y preparó la nueva era. «Esta tradición, estas franquicias resistieron a un siglo de anar­quía feudal y a los tres siglos de domina­ción española; duraron todo el siglo dieci­ocho, y gran parte del diecinueve», y educaron a la generación liberal que las recogió y las encaminó hacia la formación de la unidad nacional. La ardiente aspiración del generoso isleño a la independencia de su patria calienta y vivifica el material erudito, y la narración gana con ello una vi­vacidad y claridad de exposición que ex­plican el éxito de esta obra, éxito no al­canzado por ninguna otra obra histórica del siglo XIX. Ya en vida del autor obtuvo esta obra el calificativo de clásica, siendo revisada por él por lo menos en nueve edi­ciones, cada una de las cuales marca un visible progreso sobre las precedentes.

G. Franceschini