[Die Romantische Schule]. Ensayo crítico, en tres libros, del poeta y literato alemán, cuya primera parte, que es la más extensa, se publicó en 1833 en París, donde el poeta se había establecido, en la revista «Europe Littéraire» con el título Etat actuel de la littérature en Allemagne. La última parte, a partir del tercer capítulo del III libro, se imprimió, junto con el resto de la obra, con el título definitivo de Escuela Romántica, en 1836.
Bajo la impresión de la muerte de Goethe, que pareció, y en efecto era, el fin de una época, y de la Revolución de julio en París, Heine se vio impulsado a hacer un balance de la literatura en alemania en el último tercio del siglo, durante el cual junto y contra Goethe había surgido, se había desarrollado y había ya cerrado su ciclo la «Escuela romántica». Al fondo histórico está dedicado el libro I. Para Heine, que había asistido a su evolución religiosa y catolizante, el Romanticismo alemán era, en substancia, un revivir de la Edad Media; por esto comienza su análisis a partir de ésta y del cristianismo. Después de haber tratado brevemente del Renacimiento en Italia, del Neoclasicismo en Francia, de la resurrección de las letras en alemania en el siglo XVIII por obra de Schelling, Herder y Wieland, Heine estudia este movimiento en dos grupos contrapuestos: por un lado los románticos, por otro Goethe. El libro II está dedicado a la «verdadera cóterie», al protorromanticismo: los hermanos Schlegel, Tieck, Schelling y los filósofos y publicistas que se habían puesto al servicio de los gobiernos y del oscurantismo, Novalis y Hoffmann.
El libro III trata sucesivamente de Brentano, Arnim, Jean Paul, de la joven alemania y, finalmente, de Z. Werner, Fouqué y Uhland, cuya obra poética juzga superior a las de los demás románticos. Esta obrita se cierra reanudando el tema inicial. El romanticismo alemán tiene muy distinto carácter que el francés; y, a diferencia de Francia, la «Edad Media alemana no yace putrefacta en el sepulcro, sino que a veces reavivada por un espectro malvado, vuelve a la luz entre nosotros y chupa la sangre viva del pecho». La Escuela Romántica se presenta como continuación y corrección de la alemania (v.) de Madame de Staél: como una continuación, porque después de la aparición de aquel libro famoso «había transcurrido ya un gran lapso de tiempo, y había florecido en alemania toda una nueva literatura»; como una corrección, porque Madame de Staél, al elogiar la vida espiritual y el idealismo de alemania, intentaba en realidad hacer propaganda contra Napoleón.
Heine fue, por el contrario, uno de los escritores que durante la Restauración formaron o contribuyeron a formar el culto napoleónico; y el blanco de la Escuela Romántica es la alemania absolutista y reaccionaria de los príncipes, la alemania feudal de los magnates y de los súbditos políticamente indiferentes. En los románticos alemanes Heine aguijonea y satiriza con la traviesa irreverencia y la gracia en él habituales, la regresión medievalizante y eclesiástica, el ultramontanismo, el servilismo de aquellos pensadores (en primer lugar Schelling) que habían puesto la filosofía al servicio del gobierno y de la Iglesia. Pero la Escuela Romántica no es únicamente una polémica brillante, inspirada por una vena caricaturesca felicísima. Heine se había formado en aquel círculo romántico, del cual conocía al dedillo a los hombres y las cosas, pero al mismo tiempo, tenía un gusto sumamente refinado y había asimilado gran parte de la mejor cultura francesa.
Por esto pudo no sólo proporcionarnos -una pequeña galería de retratos y caricaturas inolvidables, sino iniciar también la valoración crítica de la literatura romántica que no fue luego proseguida por la débil, aunque erudita, historiografía alemana de los siguientes años. A sus juicios sobre escritores y obras podemos aún hoy remitirnos con provecho mucho mayor que a los insignificantes juicios del exánime sentimentalismo, insensible a los valores formales, que domina en la cultura media alemana. Más allá de su valor autobiográfico, la Escuela Romántica, que es la primera y sigue siendo la más viva exposición de conjunto del Romanticismo alemán, tiene, pues, un valor crítico muy notable. [Trad. de Mauricio Bacarisse bajo el título de Literatura alemana (Madrid, 1920)].
V. Santoli

