[Christias]. Poema en hexámetros latinos del cremonés Marco Girolamo Vida (hacia 1485-1566), protonotario apostólico y obispo de Alba. La obra, escrita por instigación del papa León X y publicada en 1535, pertenece más a la historia de la cultura que a la de la poesía; se admiró a Vida como al poeta que se atrevía a presentar como héroe al mismo Cristo, y como iniciador de la poesía épico religiosa. En seis libros está cantado el drama de la Redención, desde el nacimiento de Jesús hasta la Crucifixión; el estilo quiere ser elevado; noble la disposición de la trama. Más que en las diversas partes, se advierte la imitación de la Eneida (v.) en la composición de todo el poema: por ejemplo, el comenzar la narración con la resurrección de San Lázaro y el proseguirla, después de la muerte del Redentor, haciendo referir por San José y por San Juan Evangelista la vida de Cristo, desde el nacimiento hasta la primera predicación. Así, en la Eneida, Eneas (v.) narra a Dido (v.) la destrucción de Troya y los hechos ocurridos hasta su llegada a Cartago. En la Cristíada, el sentido de lo humano falta igual que el de lo divino; el poema es, sobre todo, un homenaje que la paganizante cultura humanista tributaba a una divinidad pensada pero ya no contemplada.
C. Cordié
* Con el mismo título publicó, en 1611, un poema épico el dominico sevillano Fray Diego de Hojeda (1570-1615). Consta de doce cantos en octavas reales y se basa en el poema latino de Marco Girolamo Vida, de tema análogo. Su asunto lo constituye la Pasión, desde la última Cena hasta la bajada al Sepulcro, pero en cierto modo la obra equivale a una vida de Cristo, a causa de las frecuentes referencias a las palabras y milagros de Jesús, anteriores a la Pasión, puestas en boca de diversos personajes. En este sentido la obra podría considerarse como una divulgación de los Evangelios, muy de acuerdo con las orientaciones de la Contrarreforma. La figura del Salvador está vista en toda su grandeza, pero la expresión trasluce no sólo reverente respeto, sino ternura, emoción humana, como corresponde al matiz sentimental de la religiosidad del momento. Esta proyección humana alcanza a todo el mundo sobrenatural evocado en el poema: los ángeles, con San Miguel al frente, luchan por Cristo como aguerridos y leales soldados; los demonios, movidos por su odio a Jesús, se le oponen como un ejército hostil.
Un gran valor afectivo, humano, tienen también las actitudes de los demás personajes: la Virgen, San Pedro, Lázaro y una serie de mujeres, entre las que destaca María Magdalena, cuyo puro amor por Jesús, expuesto con metáforas bíblicas, tiene un extraordinario encanto poético. No hay arrebato místico, pero sí un tono de auténtica piedad que coincide con el tipo de emoción religiosa que caracteriza a la dramática y realista imaginería sacra de la época. El estilo, sencillo, sobrio, estrictamente narrativo y en ocasiones hasta prosaico, carece de la brillantez plástica y metafórica de otros poemas del siglo XVII; no obstante, el sentido de la composición es plenamente barroco. Así se observa en el frecuente uso de la alegoría, en la técnica descriptiva — al representar los pecados de los hombres en la capa que cubre a Cristo — o en el grandioso trasfondo sobrenatural y celeste — ángeles, mártires, santos — que enmarca a menudo la figura de Cristo.
J. García Lóiysz

