Crispín y la Comadre, Francesco Maria Piave

[Crispino e la comadre], ópera jocoso-fantástica en tres actos con libreto de Francesco María Piave (1810-1876), musicada por los hermanos Luigi (1805-1859) y Federico Ricci (1809- 1877) y representada en Venecia el 28 de febrero de 1850.

Crispín Taccheto, zapatero remendón, es muy pobre y se ve asediado por sus acreedores. Tiene una esposa jui­ciosa y bonita que le ayuda a salir de apu­ros vendiendo canciones, pero también a ella la persiguen los médicos y los farma­céuticos soberbios y exigentes. Desesperado corre a tirarse de cabeza a un pozo, cuando, del fondo surge la comadre, un hada que le ofrece el modo de descubrir, sin más, si un enfermo puede salvarse o morir; si ella se le aparece junto al enfermo, no habrá remedio; si no se le aparece, cura­ción segura. Por añadidura, le regala una bolsa de dinero suficiente para dar paz y alegría a su necesitada familia. Cae un albañil del andamio. Los médicos le dan por muerto, pero él dice que vivirá y, con remedios jamás vistos en la farmacopea, lo pone sano en pocos minutos. ¡Gran doc­tor! ¡Gran doctor! Los médicos, burlados, le odian a muerte: él no les hace caso y gana dinero. Pero se toma soberbio, está celoso de su mujer y se convierte en liber­tino.

Entonces la comadre, para castigarlo, le envía una enfermedad que le deja entre la vida y la muerte y después el hada le lleva a ver las lucecitas de las vidas huma­nas, con el poco o mucho aceite que con­tienen. La suya está próxima a apagarse, la de su mujer brilla intensamente. Él se arrepiente, se humilla y se convierte en buen marido y buen padre. La acción corre paralela con un pequeño episodio de ma­trimonio contrariado y resuelto con la vic­toria del amor gracias a la intervención del célebre doctor «Crispino». La partitura, sin escrúpulos, pero con simpática franqueza, es vivacísima toda ella, con arias (la de Annetta cuando ha pasado de zapatera a doctora, y la de la «Frittola») que deben proclamarse dignas de llevar la firma del propio Rossini, con duetos eficaces y con recitativos de que muy pocas óperas, aun de mucho más altas pretensiones, pueden alabarse. En lenguaje pictórico se podría definir esta obra como una buena copia de escuela rossiniana.

E. M. Dufflocq