La Conversión de María Magdalena, Anónimo

 [La conversione di Maria Maddalena], representa­ción sacra italiana bastante compleja, que comprende La conversión de María Magda­lena y La resurrección de Lázaro. Impresa en 1553, pertenece al siglo XV, y, por lo menos en parte, es una refundición de ele­mentos anteriores de representaciones po­pulares.

Si bien tiene gran papel en ella el elemento místico, su contenido es sobre todo humano y en ciertos aspectos netamente profano. Un fariseo dice a Marta que un profeta de gran fama predica en Galilea, y que él cree que es el Mesías. Marta, con su hermana Marcela, va al Tem­plo, donde Jesús tiene que predicar: «y quiero — dice — fijarme bien en sus pala­bras, por si pudieran aprovechar en algo a Magdalena» («a sue parole por ben men­te— se a Maddalena le giovassin niente»). Jesús pronuncia su sermón y se retira jun­tamente con el Archisinagogo para ir a ver a la hija de éste, que ha muerto. Marta se acerca en medio de la multitud que le ro­dea, le toca y queda curada (aunque no se ha dicho que estuviera enferma). Marta va entonces a ver a María, madre de Jesús, y la invita a su casa para recomendarle a Magdalena, a fin de que Jesús la lleve por el recto camino. En casa de Magdalena se celebra una fiesta. Cuando llega Marta a reprenderla, Magdalena le contesta de mala manera: el diálogo entre ambas es ingenuo y vehemente, pero se hace más dulce cuan­do Marta le describe a Jesús, de «bello y gracioso rostro».

Magdalena, reflexionando, es presa de una curiosidad escéptica y qui­zás irreverente por verlo. En un interme­dio, dos mujeres, en el templo, se disputan el sitio para oír el sermón; es una escena de puro carácter bufonesco que sirve de preludio a la llegada de Magdalena. Ésta se acomoda, llamativa y descocada; y Jesús empieza a predicar sin darse cuenta de su presencia, y sin que ella, por su parte, haga gran caso de sus palabras. Luego Jesús la mira; ella, que está distraída, lo siente, sin verlo, pero luego encuentra su mirada y mientras sigue el sermón, llora. Sale después de su casa, como invadida por un espíritu nuevo, y va a la casa donde está Jesús y se arroja a sus pies. Mientras, en casa de Marta, Lázaro, hermano de ésta y de Mag­dalena, enferma y muere. Sus hermanas se vuelven a Jesús, quien va a ver a su amigo muerto y le llama nuevamente a la vida. Por fin el propio Lázaro da las gracias a Jesús por haberle devuelto la vida, y Jesús los bendice a todos y se marcha con sus discípulos. El Ángel despide al público. El contraste de la frivolidad de la representa­ción del pecado y el gozo del milagro hace de esta obra una composición singular, de rara vivacidad y de una estructura teatral primitiva pero ingeniosa hasta ser poética.

M. Ferrigni