Novela del escritor mexicano Rafael Delgado (1853-1914), que vio la luz en 1891. Entre sus varias ediciones puede consultarse la publicada por La Razón en 1931. Comienza la obra con la muerte de Guadalupe, pobre lavandera, madre de Carmencita, a quien por su hermosa voz y afición al canto todos llaman «La Calandria». El progenitor de la muchacha es el acaudalado don Eduardo Ortiz de Guerra, que tiene otra hija legítima, llamada Luisa. Al quedar huérfana «La Calandria» es recogida en su casa por doña Pancha, vecina caritativa que vive con su hijo Gabriel, ebanista de oficio, personaje simpático y de buenos sentimientos. Con la figura de éste contrastan las del aristocrático Alberto Rosas y sus amigos. Aquél se encapricha de la muchacha y sin consideración al amor sincero que Carmen y Gabriel se profesan, se propone satisfacer su pasión valiéndose al efecto de Malenita, vecina de la joven y amante de Jurado, periodista pretencioso. A raíz de una cena en casa de Malenita, en la que «La Calandria» cantó y bebió, ésta y doña Pancha se disgustan, y la mal aconsejada joven se marcha a vivir con su falsa amiga. Don Eduardo, advertido a tiempo, dispone que su hija se traslade a un pueblo cercano, con el cura y la madre de éste.
Allí vive la muchacha plácida y feliz; quiere un día hacerle saber a Gabriel, al que sigue amando, su paradero; pero éste cegado por los celos se niega a creer en su cariño. Entre tanto, Alberto descubre el sitio en que «La Calandria» se esconde, y acude a entrevistarla. Otro tanto intenta Gabriel, volviendo de su primer acuerdo, pero al ver a su amada en la reja hablando con su rival — entrevista puramente casual — huye lleno de indignación y cierra sus oídos a las súplicas y protestas de amor de la joven, la cual, viéndose despreciada, huye a la ciudad — Pluviosilla — con Alberto; mas éste no tarda en abandonarla, y ella se suicida, envenenándose. Mientras Gabriel alza del suelo el cadáver de la infortunada y labra en el taller de don Pepe Sierra el ataúd de «la Calandria», Alberto y sus amigos se embriagaban, despreocupados, en una fiesta. Tal es, a grandes rasgos, el argumento de esta obra, que gozó por mucho tiempo de gran popularidad. Delgado, que además de preciosos cuentos por ejemplo el titulado La mentira, publicó otras novelas (Angelina, idilio amoroso lleno de sabor regional, Los parientes ricos e Historia vulgar) sobresale en las descripciones — las de la Sierra en la novela que analizamos — y en la pintura de escenas populares.
A. Millares Carlo
Su lengua es pura y colorida. Su obra, casi en totalidad, se ilumina con el esplendor de la tierra veracruzana. (González Peña)

