Obra del novelista español Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), sin duda una de las más importantes que escribió el autor, célebre ya por las novelas en que su talento se manifiesta con más vigor: A.M.D.G. (v.), Belarmino y Apolonio (v.), Tinieblas en las cumbres, La pata de la raposa, Troteras y danzaderas, así como por sus ensayos críticos como Política y toros. Al igual que en otras obras de la misma naturaleza — citemos solamente El profesor auxiliar— Pérez de Ayala se nos entrega aquí todo entero, con sus excepcionales dotes de observación incisiva, su crueldad mordaz, con la precisión de su tiro, servido con una técnica literaria impecable, con admirable inspiración, lo que nos permite situarlo en la misma línea de Quevedo, del autor del Lazarillo de Tormes y de Guzmán de Alfarache. Es la característica de los escritores españoles más destacados que se saben situar fácilmente dentro de una tradición, de la cual heredan, sin perder nada de su propia originalidad, la estructura mental, la sensibilidad áspera, la audacia intransigente, e incluso las fórmulas verbales cargadas de una especial densidad.
El tono de una narración como la que nos ocupa es fácilmente identificable, y en ella podemos fácilmente entrever el rasgo étnico. La caída de los Limones, título ya significativo por su concisión, es la historia de un drama terrible, que se desarrolla dentro de un marco frecuentemente evocado por los novelistas españoles, la «casa de huéspedes». La promiscuidad de los huéspedes reunidos por el azar, en la atmósfera falsamente familiar donde reina la patrona, con sus hijas que le ayudan a sostener la casa, la despierta curiosidad de los personajes que se espían mutuamente, las intrigas que nacen, es ya de si una materia lo suficientemente rica y variada porque a pesar de haber sido explotada muchas veces no consiga crear una tradición. Así la encontramos en Ganivet, en Palacio Valdés, etc. En esta ocasión son dos solteronas que provocan los comentarios de los clientes de doña Trinidad, por el hecho de que ellas no se dan a la vida de los demás. Se descubre que ellas han sido testigos de una tragedia siniestra en su pequeña villa de Guadalfraneo, de la que su padre era el cacique. El centro de interés radica por lo tanto en el pueblo, descrito admirablemente, con este sentido concreto del tema que han poseído tantos pintores y novelistas españoles. Es especialmente la persona del joven hermano Arias, la extraña y lenta elaboración de su carácter en un ambiente mórbido y cerrado, esta forma de gestación secreta y alambicada de una pasión que a menudo explota en un crimen desenfrenado. Pérez de Ayala nos ha dado así un documento humano plausible, gracias a la coherencia misteriosa, y de esta manera el caso individual consigue llegar a tener un valor universal.

