L’ Italia Letteraria

Semanario de literatura, ciencias y artes. Prosiguiendo en el desarrollo de su propia actividad según los criterios fundamentales de la milanesa «La Fiera letteraria» (v.) «L’Italia letteraria», que se trasladó en mayo de 1929 a Roma, amplió el ya denso grupo de sus colabora­dores, dio mayor espacio a su información crítica, también la referente a las demás ar­tes y en esta su primera y mejor fase, refle­jó más decididamente el panorama de las letras italianas, aunque entregándose a ve­ces a un genérico polemismo que bordeaba el riesgo de convertirlo en una revista de tendencias o de grupo. Con todo, durante este período (1930-1933) fue cuando Gargiulo publicó en la «Italia Letteraria» una serie de artículos monográficos sobre los escritores y poetas más representativos de su época, desde Ungaretti a Savarese. Suce­sivamente, esta revista dirigida por Pavolini se mantuvo sustancialmente fiel a su programa de razonado eclecticismo, dando amplio lugar a los escritores de las recien­tes generaciones literarias. Luego la «Italia letteraria» pasó a otras manos y fue per­diendo gradualmente su carácter de revista informativa y crítica, hasta que terminó su publicación (1935) sustituida, pero no con­tinuada, por el «Meridiano di Roma».

Du­rante casi un decenio la «Fiera» y «L’Italia letteraria» fueron un espejo bastante fiel de la literatura militante italiana y natural centro de reunión de sus mejores fuerzas. Recorriendo sus páginas, no será difícil ob­tener una documentación exacta de aquel decenio de vida intelectual entre el neocrocianismo, las tentativas de una revisión de la estética crociana en acto (por mérito sobre todo de Gargiulo o de algún crítico joven, Debenedetti, Solmi, etc.), dirigida principalmente a la investigación de los «medios expresivos» y las nuevas corrientes que, en tanto, se iban delineando y acla­rando en el seno de otras revistas juveniles («Solaría», «Frontespizio»), en que se afir­maba una tendencia más pronunciada hacia la narración. Además, fue indirectamente un mérito de aquel periódico, el liquidar el «frammentismo» de «La voce» y «Lacerba», así como el abrir a una cordial circu­lación los grupos literarios, despertar una más viva curiosidad hacia los literatos extranjeros contemporáneos, especialmente anglosajones, e incitar a los escritores jóve­nes a una consideración del arte literario más aproximada a las fuentes de la vida moral.

G.T. Rosa