Drama alemán en cinco actos de Heinrich Kleist (1777-1811), en prosa y verso, representado en 1810- El asunto procede de una balada de Bürger.
Como el Otelo (v.) shakespeariano, el drama empieza, en plena acción, con una escena de tribunal, la tenebrosa «Veluna» de la Edad Media, donde aparecen un armero de Heilbronn, Teobaldo, y el conde Weter von Strahl. Éste es acusado por el armero de haber embrujado a su hija Kätchen que, desde que le viera un día en la tienda paterna, siente hacia él un amor irresistible y le sigue en todas sus peregrinaciones sin apartarse de su lado. El caballero trata de disculparse y afirma ante los jueces — procediendo él mismo al interrogatorio de la muchacha — que ha hecho siempre todo lo posible para quitársela de delante y devolverla a su padre, incluso golpeándola, un día, con un látigo. Pero todas sus tentativas no logran más que fortalecer el sentimiento de la muchacha y su absoluta sumisión; que Kätchen le pertenece, no sólo en cuerpo, sino también en alma, de modo enigmático y completo, es el patente resultado del interrogatorio. Por otra parte el caballero está muy ocupado en una aventura con Cunegunda, mujer de la alta sociedad, intrigante y cruel, hasta el punto de que, habiendo sido vista por Catalina en el baño, carente de todos los adornos que le habían servido hasta entonces para ocultar su fealdad y su vejez, trata de envenenarla.
Pero al caballero le han profetizado un matrimonio con la hija del emperador: la complicada trama se traslada, pues, de las oscuras salas de la «Vehma» a la presencia del emperador, quien establece una especie de «juicio de Dios» entre Teobaldo, supuesto padre ultrajado, y el caballero- En este momento el drama se encamina hacia su solución; do hecho el emperador recuerda de repente una aventura lejana, en Heilbronn, con una mujer del pueblo y descubre que ía enamorada muchacha que está en su presencia no es otra que su hija, fruto de aquel capricho pasajero. Así so cumple la profecía, y el drama termina felizmente con las bodas del caballero y de Kätchen, que siempre la amó ciegamente.
Obra que sabe a canto popular, después de haber tenido poco éxito en la primera representación, en Viena, fue conquistando, lentamente, el teatro alemán. De estructura muy irregular, muestra todos los aspectos positivos y negativos del Romanticismo. Está el rapto de Cunegunda, su carácter de hechicera, su salvación entre gran estrépito de armas; luego el sitio de un castillo y su incendio, predicciones, sueños, brujerías, etc. Pero al llegar a la poderosa escena de la «Vehma» parece que nos encontramos en plena Edad Media; la figura del emperador es majestuosa, y especialmente la de Kätchen que supera todos los defectos de la obra con una dulzura, una feminidad, un pudor, un instinto del abandono que no tienen igual. Una escena como la del pie del saúco ante los muros del castillo, donde Kätchen ha improvisado su refugio para estar próxima a su amado, pertenece a la más alta poesía. ¡Cuántas cosas secretas, sepultadas en los abismos del alma, han descubierto los románticos! Su reino era la noche, ya el subterráneo de la «Vehma», ya las profundidades enigmáticas del amor de Kätchen, que se ha convertido, por hallarse en la edad de una pubertad problemática y turbulenta, on uno de los grandes amores eternos del teatro.
F. Lion

