Importante obra de la literatura filosófica india. El nombre significa «upanisad», o doctrina esotérica, de la escuela de los «katha». Pertenece a los Upanisad (v.) métricos, que ocupan un lugar intermedio entre los más antiguos en prosa arcaica y los más modernos también en prosa, aunque de carácter más artificioso (época 800-500 a. de C.).
Este Upanisad empieza con una narración a manera de introducción, en la que se relata como un muchacho, Naciketas, viendo a su padre dar todo lo que posee para un sacrificio, dudó del valor de éste. En la oposición entre padre e hijo se enfrentan dos corrientes de pensamiento religioso: la litúrgica, tradicional, para la cual las obras lo son todo en la religión, y la nueva, filosófica, para la que todo lo es la gnosis o intuición intelectiva. El padre, furioso por el desprecio de los dones ofrecidos, maldice a su hijo y lo consagra al dios de la muerte. Naciketas, por efecto de la maldición paterna, desciende a la morada del dios de la muerte, pero el dios no está, y Naciketas tiene que esperar tres días sin recibir los dones de la hospitalidad. Dejar de honrar a un brahman es una culpa grave incluso para un dios, de manera que, cuando éste regresa, presenta sus excusas a Naciketas y le promete tres dones en expiación de su culpa. Como primer don, Naciketas elige el de regresar vivo a la casa de su padre, y que éste haya dejado de estar enojado con él. Como segundo don, quiere conocer la manera de hacer inagotables los sacrificios y las buenas obras, y como tercer don, quiere enterarse de la manera de evitar la muerte. El dios le concede de buena gana el primero; para el segundo le enseña la preparación de un fuego especial, y en cuanto al tercero intenta disuadirle.
El conflicto entre el muchacho y el dios de la muerte es dramático. El dios le ofrece todos los placeres de la vida: «Puedes pedir todos aquellos placeres que son difíciles de alcanzar en el mundo de los mortales. He ahí a unas lindas muchachas provistas de instrumentos musicales y sentadas en una carroza que ningún hombre podría alcanzar; hazte servir por ellas; te las regalo, pero no me pidas que te diga el secreto de la muerte». Y Naciketas contesta: «pensamiento del mañana abate la fuerza de todos los sentidos que el mortal posee, y poca cosa es la vida, aun cuando llegue al límite extremo. Quédate con tus carrozas, tus danzas y tus cantos. Al hombre no se le puede satisfacer con las riquezas. Dime lo que ocurre en el gran viaje, háblame de aquello que nos hace dudar». Este don, que indaga precisamente el misterio, es el único que Naciketas elige. Aquí se afirma de forma admirable el ímpetu del espíritu hacia la verdad. Fl* dios entonces alaba a Naciketas por haber elegido el saber y no los placeres, y le enseña la doctrina de la inmortalidad del alma. Este Upanisad se puede considerar compuesto de dos partes. una más antigua (lectura I. cap. 1-3) con la historia de Naciketas; la otra más reciente (lectura I, cap. 4-6) con la doctrina de la inmortalidad del alma. Trad. italiana de F. Belloni Filippi (Pisa, 1905).
A. M. Pizzagalli

