Juego de Cartas, Igor Strawinsky

[Jeu de caries]. Ballet de Igor Strawinsky (n. en 1882), compuesto en 1936. Está inspirado en el desarrollo de una partida de «poker» du­rante la cual el «comodín» consigue una serie de victorias provisionales, hasta que llega una escalera de corazones que des­hace sus ilícitas y diabólicas maniobras. Aparece de nuevo en esta obra el conflicto entre el Bien y el Mal, característico de la Historia del soldado (v.), con la diferencia que aquí triunfa el Bien.

El compositor toma como lema de la obra la moraleja de una fábula de La Fontaine: «Es necesario combatir constantemente a los malos. La paz es en sí misma algo óptimo; pero, ¿para qué sirve contra los enemigos sin fe?». Aquella especie de determinismo que com­portaba, en Historia del soldado y en otras obras de aquel tiempo, un fatal predominio del bien sobre el mal encuentra su más perfecta expresión en esta labor, con una visión menos negativa y más cristiana, se­gún la cual mediante la acción se puede paralizar y deshacer el mal. En Juego de cartas aparece clara aquella expresión de serenidad espiritual que se manifiesta en un cierto momento del ciclo creador de Strawinsky. Puesta en claro la intención moralizadora del autor, mediante la cita de La Fontaine, no es necesario buscar otros significados y alusiones referentes a la imaginaria partida de naipes. En cuanto música y sólo en cuanto música, debe ser escuchada y comprendida esta obra. Nunca como en ésta ha realizado Strawinsky una más intensa elevación de la materia sonora; jamás ha sido tan vivo el fervor construc­tivo del compositor, jamás tan perfecta la fluidez del paso de un tema a otro, la pe­netrante agudeza de las imágenes. En el crisol inflamado de Juego de cartas se que­man muchas citas y pseudocitas de todo lo más brillante y electrizante que se ha es­crito en música, desde el motivo sensual del vals vienés hasta el rossiniano de la ober­tura del Barbero; desde la vulgaridad deli­ciosa de un «galop» de orquesta de baile popular hasta el más variado encanto de tanta música ligera, brillante y acariciadora.

En las manos de Strawinsky este material se quiebra, pierde su fisonomía originaria y desprende nuevos resplandores, dentro del significado que le impone el músico. Juego de cartas es, ciertamente, una de las obras más perfectas y a la vez más divertidas que nos ha dado la fantasía de Strawinsky.

A. Mantelli