Homo Sapiens, Stanislao Przybyszewski

Trilogía del novelista y dramaturgo polaco Stanislao Przybyszewski (1868-1927), perteneciente al grupo de la llamada «Joven Polonia», que surgió como reacción a la corriente positivista. Los tres volúmenes de esta extensa novela se titulan: «En la encrucijada» [«Na rozstain»]. «En camino» [«Po drodze»], «En el torbellino» [«W Malstromie»], y, como las restantes obras del autor, no son otra cosa que la historia psicológica de los protagonistas, la historia de sus almas enfermas, de sus ima­ginaciones degeneradas, de las visiones que acompañan a los hechos reales de su vida. «En un principio era el sexo»; este es el motivo dominante de Przybyszewski; el amor sexual es para él una fuerza miste­riosa y ciega de la naturaleza, fuerza crea­dora que, como todas las energías naturales,  está más allá de la moral. Así, también Erik Falk, el protagonista de Homo Sapiens, es arrastrado, o mejor dicho, se deja arrastrar con gusto por esta fuerza oculta, sin partici­pación de la voluntad y en consecuencia, sin ninguna responsabilidad moral.

El autor des­cribe preferentemente el ambiente artístico en que vivía Erik Falk: el escritor; Mikita, su amigo íntimo, es pintor, pero su probada y profunda amistad se derrumba de golpe cuando Mikita presenta su novia a su ami­go: desde el primer momento los dos se sienten recíprocamente atraídos. Y Falk primero lucha contra este sentimiento mo­vido por su lealtad hacia el amigo; con todo, en sus reflexiones, recuerda demasiado a menudo las palabras de Heine: «Eran her­mosas las victorias sobre sí mismo, pero más hermosas aún eran mis derrotas», y se deja dominar por el amor. Pero cuando parte con Isa hacia París, Mikita se suicida. En el segundo volumen, Falk, durante su estan­cia en casa de su madre, en provincias, se enamora de «un ángel de belleza y de bon­dad». Intenta vencer los escrúpulos morales y religiosos de la joven y seducirla con insi­diosas discusiones teóricas: finalmente con­sigue su objeto, pero la joven, cuando se entera por el propio Falk de que es casado, se ahoga en el lago. En el tercer volumen, encontramos a Falk al lado de otra mujer, Juana, con la cual había vivido durante algún tiempo y a la cual volvía, como «a una almohada para su cabeza cansada», y de ella tiene un hijo. Mas el prometido de Juana, condenado desde hacía tiempo por motivos políticos, sale precisamente enton­ces de la prisión y quiere obligar a Falk a divorciarse para casarse con Juana, amenazándole con revelar a su esposa Isa toda la verdad.

Falk se da cuenta de que Isa en ese caso le abandonará, y no se sien­te capaz de vivir sin ella. Mientras tanto, estos acontecimientos vuelven a abrir en su corazón una herida antigua pero profunda: el recuerdo de Mikita, y al mismo tiempo el tormento de la mentira, que crea entre él e Isa un clima insoportable. Conducido finalmente a la desesperación, provoca un duelo con un excelente tirador, seguro de que esto será para él la muerte. Pero una vez más el destino se burla de él: sale in­cólume del duelo y se entera de que su es­posa, informada de sus relaciones con Jua­na ha huido. Falk, ya solo, se dirige hacia sus amigos del clandestino partido socialista. El trabajo social en el partido está siempre movido por motivos y asuntos personales — explicaba una vez un compañero —. El he­cho de refugiarse en él ahora, confirmaría su amarga opinión. La humanidad no existe, existen solamente los hombres, los indivi­duos, dominados por pasiones sin límites, contra las cuales nada pueden ni la razón ni la conciencia. El hombre está, pues, con­denado a pagar culpas involuntarias inexo­rables.

Desde un cierto punto de vista, el individuo fuerte es una especie de super­hombre, ya que no se somete a las leyes de los hombres corrientes; pero ¿qué clase de superioridad es la suya, si también está en manos de las pasiones y del destino? Así termina la novela. El autor no expone un sistema filosófico nuevo ni original: en cam­bio, introduce en la novela polaca ciertos elementos procedentes de las literaturas alemana y escandinava, combinados con un motivo nuevo: el análisis freudiano; pero el amor sexual no está encerrado exclusiva­mente dentro del círculo material de la car­ne, puesto que cuerpo y alma constituyen una unidad inseparable. El refinado análisis de los más recónditos recovecos de la naturaleza humana y el ardor de las pasiones que llenan la trilogía, constituyen los mejo­res valores de esta obra, que fue conside­rada a su aparición, como una de las más audaces y revolucionarias de la literatura polaca.

W. De Andreis