Homilías, San Juan Crisóstomo

Rica y famosa serie de discursos que valió a su autor, Juan de Antioquía (344 ó 347-407), el sobrenombre de Crisòstomo o Boca-de-oro. Los críticos dividen su actividad oratoria en dos momentos: el de Antioquía, donde Juan fue ordenado diácono en 381 y luego sacerdote, en 386, y el de Constantinopla, donde fue elegido obispo en 397. De la numerosísima serie de oraciones de San Juan no todas han llegado hasta nosotros y algunas son ciertamente apócrifas. Entre las Homilías más antiguas nos han llegado 21 sermones, llamados «de las estatuas», dirigidos al pueblo de Antioquía, pronun­ciados en un momento bastante doloroso para la ciudad, gravemente perseguida por orden imperial, a consecuencia de una re­vuelta; aparece en ellos toda la fuerza de la palabra de San Juan, que participa pro­fundamente en el dolor de su pueblo, mien­tras encuentra en la seguridad de la fe la fuerza y la autoridad para elevarse como consejero y maestro suyo.

También otras homilías de San Juan arrancan de acon­tecimientos de la época y celebran a már­tires cristianos y personajes contemporáneos suyos; pero las más numerosas versan sobre las Sagradas Escrituras; cerca de un cente­nar sobre el «Antiguo Testamento», entre ellas dos grupos sucesivos, uno de seis y otro de 67 homilías, sobre el Génesis (v.) y una serie sobre los Salmos (v.), más de 400, diversamente distribuidas, sobre el «Nuevo Testamento». Pero donde mayormente se revela la fuerza expresiva de San Juan es en las 88 homilías sobre el Evangelio (v.) de San Mateo. No faltan en la producción de San Juan los puntos teológicos y polémi­cos, especialmente dirigidos contra los ju­díos, los anomeos, los marcionitas, los ma- niqueos, los no vacíanos; destaca sobre todo en las oraciones de contenido moral: se dirige con amor a los humildes, a los pobres, a los esclavos, condena la riqueza excesiva y predica la caridad; en la exégesis adopta el método antioquiano, que, al contrario del alejandrino, no abusa de la alegoría sino que da mayor importancia al sentido literal. El idioma y el estilo, sobre todo en las oraciones de Antioquía, se aproximan a la pureza ática; discípulo de Libanio, San Juan conocía a fondo los artificios de la retórica, que domina con gran maestría, aunque sin proponerse nunca un fin literario, completa­mente entregado a su finalidad moral, alta y profundamente sentida.

Entre las oracio­nes pronunciadas en Constantinopla, en ge­neral menos cuidadas que las precedentes, se recuerdan especialmente las que versan sobre los Hechos (v.), los Salmos y las Evi­tólas a los Tesalonicenses (v.); algunas rela­tivas a hechos de su tiempo, en los que San Juan intervino activamente, iluminan la misma vida del autor y ponen de relieve su fuerza de ánimo, el ardor con que tronaba contra cuanto le pareciese impío e injusto, sin preocuparse del peligro a que se expo­nía personalmente. El interés personal con­tribuye a menudo a dar a estas oraciones un «pathos», un dramatismo mayor que el de las más clásicas y mesuradas oraciones de Antioquía. Famosísima y característica es, bajo este punto de vista, la homilía sobre el tema del Eclesiastés (v.) «Vanitas vanita- tum, omnia vanitas», la primera de las dos contra Eutropio, el cónsul protegido por la Emperatriz Eudoxia, que había apoyado su elección a obispo pero después le había atacado en todos sentidos y ahora se veía obligado a solicitar su protección. Se han suscitado dudas sobre la autenticidad de la segunda de estas oraciones y de otras del último período de la actividad de San Juan en Constantinopla, relativas a su conflicto con la Emperatriz Eudoxia; algunas son, ciertamente, apócrifas; otras están interpo­ladas; sin embargo, su interés histórico es muy grande; también ellas, igual que las demás, revelan la personalidad del gran obispo, uno de los más profundos moralistas y el máximo orador de la Iglesia cristiana antigua. [Trad. española en Obras traduci­das al castellano por una sociedad de teólo­gos y humanistas (Madrid, 1893)].

C. Schick