Homilías, Máximo de Turín

[Homiliae]. Compuestas durante su carrera eclesiástica, que culminó con el obispado, son numerosos los sermones de Máximo de Turín (380?-470?) que los editores recogie­ron distinguiéndolos en 118 homilías, 116 sermones, 5 tratados y 25 exposiciones evan­gélicas, a las que hay que añadir algunas otras más o menos dudosas.

Los títulos de los sermones ilustran suficientemente la variedad de los temas elaborados por el obispo: «En alabanza de los apóstoles, de Juan Bautista y de todos los mártires» [«In laudem apostolorum et Iohannis Baptistae et omnium martyrum»], «Capítulos de los Evangelios y de los Hechos de los apóstoles», «De capitulis Evangeliorum et Actuum Apostolorum»], «La vida de San Eusebio, obispo de Vercelli y confesor» [«De sancti Eusebii vita, Vercellensis episcopi et confessoris»], «Vida de San Cipriano» [«De Sancti Cypriani vita»], «La gracia del bautismo» [«De baptismi gratia»], «La avaricia» [«De avaritia» ], «La hospitalidad» [ «De hospitalitate»], «El eclipse lunar» [«De defectu lunae»], «Las limosnas» [«De elemosynis»], «Lo que ha sido escrito en el libro de Isaías: tus taberneros mezclan el agua y el vino» [«De eo quod scriptum est in Isaia: caupones tui miscunt vino aquam» ], «La pasión del Señor» [«De passione Domini], «La trai­ción de Judas» [«De luda traditore»], «La cruz del Señor» [«De cruce Domini»], «Su sepulcro» [«De sepulcro eius»], «Su resu­rrección» [«De resurrectione ipsius»], «La acusación y el juicio del Señor ante Pilatos» [«De accusato et iudicato Domino apud Pilatum»], «El primero de enero» [«De calendis Ianuariis»], «La natividad del Señor» [«De natali Domini»], «La Epifanía» [«De Epiphania»], «La Pascua» [«De Pascha»], «No hay que temer a los enemigos carnales» [«De hostibus carnalibus non timendis»], «Hay que dar gracias a Dios después de ha­ber comido» [«De gratiis post cibum Deo agendis»].

Pero no hay que creer que en estos ni en los demás discursos se produzca un derroche de cultura ni un tratamiento teológico de los problemas dogmáticos: Má­ximo habla a una población en su mayoría agrícola, que acaba de abandonar el paga­nismo por el cristianismo y que por ello todavía ha de ser iluminada sobre las cues­tiones más elementales de la religión. No hay que considerar por ello a Máximo como un inculto y rudo predicador; educado en la cultura retoricocristiana de la llanura del Po, cuya capital era Milán, él, que pro­venía probablemente de los Alpes Réticos, llevó a su obra algo rudo y alpino, que quedó como su principal característica in­cluso literaria.

F. Della Corte