[Die Litauischen Geschichten]. Cuentos del escritor alemán Hermann Sudermann (1857-1928), publicados en alemania en 1917. En el género épico, tal vez sea ésta la mejor obra de Sudermann, el más típico representante, después de Hauptmann, del naturalismo alemán. Amargado por las críticas que siguieron a sus clamorosos triunfos, sobre todo al de la Casa paterna (v.), se había retirado a su tierra natal, cerca de Memel, donde vuelve a encontrar el vigor narrativo de la juventud.
El cuento «Jons y Erdme», tercero del volumen, escrito bajo la influencia de Hamsun, reviste caracteres épicos y se refiere a la lucha del hombre contra las fuerzas adversas de la Naturaleza durante los trabajos de saneamiento de un terreno pantanoso. Jons y su compañera han de construir su hogar junto a la ciénaga, recurriendo a todos los medios, incluso al robo, porque todo tienen que ganárselo con sus manos, y cualquier resultado, por mínimo que sea, representa para ellos una conquista memorable. Nacen dos niños, que «habrán de vestirse de seda y terciopelo»; los colonos se ayudan mutuamente, y el saneamiento prosigue; pero el demonio de la inundación, temido y esperado, como la muerte, pesa sobre el ánimo de todos. Un hombre que ha matado y robado escapa del presidio y trata de unirse a ellos, a fin de encontrar su puesto entre los hombres, mas todos lo rehúyen. Cuando llega la inundación, flota como una almadía la cabaña del presidiario, que éste construyó en previsión del desastre, y los demás ponen a salvo en ella todo cuanto pueden recoger. El viejo presidiario exulta de alegría porque ve que al fin ha reconquistado la estimación de los hombres; el desastre es superado.
La adversidad alcanzará más tarde a Jons, con la traición de sus hijas, que nacieron en los tiempos más duros, y de la mujer, que, ciega de amor materno, sigue a las hijas. A la violencia de los elementos se une la de las pasiones humanas, y de la lucha, del dolor y de la destrucción nace un «pathos» crudo y despiadadamente realista, aunque a veces demasiado teatral, que parece remontarse a los comienzos de la vida humana sobre la tierra y confundirse con sus primeras y oscuras causas. En otro cuento el protagonista, un homicida, se redime mediante los padecimientos y el amor hacia una niña que la víctima tenía en brazos cuando él la mató. En otro, el drama de la soledad está representado por una mujer bella y amada pero siempre solitaria e interiormente lejana, incluso en la casa del marido; menos sola se siente cuando éste muere. El estilo de estos cuentos (recordemos también «El viaje a Tilsit», «La criada», etc.), simple y lineal, une al calor de la piedad humana un audaz humorismo y una poética delicadeza de observación.
O. S. Resnevich

