[Histoires naturelles]. Prosas de Jules Renard (1864- 1910), publicadas en 1896 y ampliadas en ediciones sucesivas. El creador de Pelo de zanahoria (v.) se nos muestra aquí, ante todo, como poeta, cazador de imágenes (así se define), y, como en un álbum, fija las figuras de los animales en líneas breves y firmes, recreándose en un sutil juego de analogías, de sugestiones cromáticas y musicales, mediante las cuales el aprendiz de naturalista parece anticiparse a la lírica de los fragmentistas, de los poetas puros. Con la admiración ante el mundo externo, que es propia de los clásicos, lo interpreta y lo representa en las formas más libres y nuevas, con fantasía clara y certera. Inspira al poeta un tierno amor por los animales; además del caballo, la vaca, el asno («el conejo que se ha hecho mayor»), incluso el sapo y el murciélago. Sus palabras nos hacen oír el canto de la alondra, evocan el esplendor principesco del pavo real, y así sucesivamente. Son interpretaciones poéticas tiernas, sutiles y finísimas. A veces preciosas y espiritualmente epigramáticas,, como la concisa definición de la serpiente («demasiado larga»). Renard manifiesta también su piedad por los pájaros, con su remordimiento de cazador empedernido, y el fraternal afecto por los árboles solitarios y taciturnos.
V. Lugli
En sobrias narraciones, donde la ironía aparece disimulada, así como la sensibilidad, Jules Renard ha descrito los tipos burgueses y campesinos de su provincia. Es un maestro. (Lanson)
Jules Renard es uno de los principales escritores de su tiempo, y como Courteline, uno de los pocos cuyas obras sobrevivirán, posiblemente, en masa. (Thibaudet)
Jules Renard es ya un clásico… Podríamos hablar de él como de La Rochefoucauld o de Leopardi. (E. d’Ors)
* A cinco de estas Historias naturales les puso elegante ropaje musical Maurice Ravel (1875-1938), en cinco fragmentos líricos para canto y piano: «Le Paon», «Le Grillon», «Le Cygne», «Le Martin Pécheur» y «La Pintade». Escritas en 1906, estas piezas, al ser estrenadas en 1907, suscitaron discusiones y polémicas en los ambientes musicales parisienses. Algunos críticos, entre ellos Pierre Lalo (1866-1943), sostenían que el texto literario de Renard era uno de los menos susceptibles de ser musicados, y juzgaron las Historias naturales como un frío y laborioso ejercicio de preciocismo armónico. En realidad, la característica de estas excepcionales composiciones consiste en una extraordinaria penetración y en la aguda sensibilidad del músico al trasladar al piano los textos de Jules Renard. Posiblemente, ni el propio Ravel preveía el significado que estos cinco fragmentos alcanzarían dentro de su producción; al decidirse a poner música a las Historias naturales pensaba llevar a cabo un experimento de «declamación» sugerido por la sobriedad y la pureza de lenguaje de Renard. Experiencia que fue resuelta de un modo concreto y personalísimo; el «declamado» de estas composiciones líricas se diferencia netamente del de Claude Debussy (1862-1918); la independencia de Ravel de toda la estética y técnica impresionista se manifiesta aquí claramente, sobre todo porque el texto no podía sugerir particulares expansiones; los diseños melódicos son breves, fragmentados, incisivos y maravillosamente ajustados a las exigencias de la prosodia francesa. La tendencia a la melodía lineal y a sus relaciones contrapuntísticas con acompañamiento del piano, aparece evidente, en oposición a la declamación impresionista, que brota siempre en función de la armonía y constituye una extensión y una resonancia de ella.
L. Cortese

