Historia Socialista de la Revolución Francesa, Jean Jaurès

[Histoire socialiste de la Révolution Française]. Con este título, de una edición posterior, se comprenden los primeros cuatro volúmenes de la Historia Socialista 1789-1900 (v.), escritos por Jean Jaurès (1859-1914) y publicados entre 1901 y 1904, es decir La Constituyente, La Legis­lativa, La Convención (Primera parte), La Convención (Segunda parte).

Jaurès, oponiéndose a Taine, ve en la Revolución, no la obra de abstractos ideólogos, sino una construcción concreta sobre bases políticas y económicas ya formadas. Señala la domina­ción de la burguesía, y en el mismo pensa­miento de Robespierre, según Jaurès, la idea de una nueva sociedad no llegó más allá de una democracia de pequeños propietarios y de artesanos. Sin embargo, el autor se propone, según la concepción marxista de la historia, poner de manifiesto cómo en el mismo seno de la revolución burguesa se formaron los elementos del movimiento pro­letario destinado a oponerse a aquélla y superarla. El proletariado todavía no mani­fiesta conciencia alguna de clase ni señal alguna de organización; sin embargo, es una fuerza de la revolución burguesa en la que de un modo confuso siente que se reali­zan las premisas de su redención social. Más tarde, la colaboración de algunos sectores de la burguesía con la contrarrevolución estimula a la masa popular y la empuja a sus grandes despliegues de fuerza y a alcanzar la concesión de los derechos políticos a todos los ciudadanos. Nace de este modo un mo­vimiento cuya posición extrema está repre­sentada por la conjuración de Babeuf, pri­mera manifestación histórica del comunis­mo.

En la exposición de Jaurès la interpre­tación de la historia según los principios del determinismo económico no excluye la im­portancia concedida a las voluntades indivi­duales y a los heroísmos. La misma burgue­sía no siempre actúa arrastrada por sus in­tereses de clase: el fuego de una idea humanitaria universal consume cualquier otro impulso, y hombres y multitudes se levantan en un religioso entusiasmo. Por ello, como declara el autor, su interpretación es a la vez «materialista con Marx y mística con Michelet». Sin embargo, de esta visión, do­minada por el conflicto social, destierra la consideración del principio nacional que aúna las clases en un común ímpetu de defensa y conquista. Esta incomprensión y el antimilitarismo, del que Jaurès fue encarnizado defensor, le empujan a juzgar como no necesaria o, mejor dicho, como perjudicial la guerra del gobierno revolucio­nario, con lo que resulta limitada y falseada la visión del fenómeno en su integridad histórica. Aparte de esto, la obra de Jaurès, al dilucidar la trama económica de los acon­tecimientos políticos y sociales, con sus nuevas y amplias investigaciones sobre las cuestiones del trabajo y de las subsistencias y sobre el primer desarrollo de la gran in­dustria en relación con el movimiento revolucionario, es fundamental para los estudios sobre esta época, anticipando y promovien­do las más profundas indagaciones de los últimos treinta años sobre los factores eco­nómicos de la Revolución; a ella se junta, en efecto, la reciente orientación de Mathiez (v. Revolución francesa), el cual diri­gió una nueva edición de la obra de Jaurès en 1922-24.

P. Onnis