Historia de mi Vida, Jacques Casanova de Seingalt

[Histoire de ma vie). Obra autobiográfica escrita en francés en los últimos años de su vida, por Jacques Casanova de Seingalt (1725-1798). Publicada en 1822 en un refundida traducción ale­mana, y‘ desde 1826 en adelante en un texto harto manipulado, no se la conoce todavía según el manuscrito que se supone conservado por la casa Brockhaus, de Leip­zig. Se puso en duda su autenticidad hasta por Foscolo, y fue atribuida sin razón a Stendhal que la admiraba; estas Memo­rias — como fueron pronto llamadas — son uno de los documentos más importantes de la vida del siglo XVIII. Las jactancias eró­ticas y las afirmaciones cínicas del autor, el cual se presenta como libre de prejuicios sociales, han dado a pensar si esta obra no sería más que el desfogue de una vida des­honesta, cuando en realidad, aun entre confesiones desiguales y repugnantes, el au­tor se presenta como modelo de personaje ligado a su época, y casi como juez de humanas flaquezas.

Después del prefacio en que intenta justificar su existencia de hombre de mundo, Casanova habla de su familia, que según él era de origen espa­ñol; su nacimiento en Venecia le ofrece motivo para describir la sociedad en que hizo tantos experimentos: desde los ocho años de edad empieza a observar el mundo, guiado por una gran curiosidad hacia todas las cosas de la vida: la sociedad fastuosa y brillante que le ofrece fácilmente un es­pectáculo en que no tardará mucho en presentarse como protagonista. Después de va­rias escapadas de poca monta y de muchas aprensiones por su salud, es educado por su abuela y llevado a estudiar a Padua: y aprende pronto a ser experto en los males del mundo. Se enamora de una Bettina, pero descubre que otro es más afortunado con ella; entonces halla un subterfugio para hacerla pasar por endemoniada, y trastor­nar así su vida. En efecto, la muchacha se desespera y la toman por loca. Después de haber recibido en Venecia las órdenes menores, Casanova entra en muchas aven­turas amorosas en tanto va perfeccionándose en el conocimiento de los hombres. Unos amores con una Giulietta, una Lucia y una Nennetta muestran muy pronto que el brillante aventurero aspira al goce en todas sus formas, y aunque sin hacer la apología de la perversidad, no tiene escrú­pulo alguno en materia de moral.

Perdidos los favores de Un protector, el senador Malipiero, el emprendedor joven de veinte años entra en el seminario; pero pronto lo expulsan de allí; entonces lo encierran en un fuerte, pero ni siquiera en aquella ocasión halla su tranquilidad. De aventura en aventura se ve obligado a marcharse de Venecia. Vive también en Chioggia, hace un peregrinaje a Loreto, y después se va a pie a Roma, y de allí a Nápoles. Cuando vuelve a Roma entra al servicio del car­denal Acquaviva, y nuevas aventuras le alegran la existencia. Desde aquel momento se inicia la vida plenamente aventurera de Casanova, que pronto deja el hábito ecle­siástico por el militar o cortesano, forma en el séquito de este o aquel señor, corre por las capitales de Europa y busca en todas partes sacar su inmediato provecho, y de las galanterías su más pleno goce. Al describir sus vicios y sus astucias se revela como era, y en su amor por la sinceridad más libre de prejuicios afirma ser un ver­dadero hombre de la naturaleza. Es sincero partidario de la bondad instintiva y admi­rador de la belleza, como solamente los filó­sofos podían soñar en un retorno a la inocencia primitiva. Viajando durante casi me­dio siglo de Londres a Constantinopla, de París a Petersburgo, de Viena a Madrid, este escritor conoció los móviles y los bastidores de la sociedad: sus ambiciones y sus vicios; por esto, aun fuera del cuadro de sus con­quistas amorosas (descritas con poca finura psicológica y con mediocre eficacia artís­tica), nos presenta con cierta veracidad la Europa del siglo XVIII. Así, entre figuras de soberanos y cantantes, de doctos y pros­titutas, esta obra nos introduce en un mun­do que pocos autores de memorias describen con tanta sagacidad.

El protagonista sabe cómo actuar en una sociedad decadente y valerse de la ambición de los hombres y de la vanidad de las mujeres para llevar adelante su vida, y así, Jacques Casanova de Seingalt, con los títulos de que se ala­baba, va recordando su vida; y si en la descripción de su juventud se complace en tenues recuerdos y afectos ya lejanos en el tiempo, en el resto de su existencia de hom­bre de mundo y de docto en la vida des­ordenada va descubriéndonos todos los de­fectos de su carácter petulante, estafador, cínico y calculador. La Historia de mi fuga de los «Plomos» de Venecia (v.), en parte resumida en el texto de las Memorias, in­dica que en Casanova, más allá de su pro­pia apariencia frívola y crudamente sen­sual, hay un carácter cosmopolita por su interés en las diversas cuestiones de la época, y sus relaciones con Catalina II y Federico de Prusia, Voltaire y Rousseau, Goldoni, el abate Galiani, además de Bene­dicto XIV y Clemente XIV, y desde luego con María Teresa y José II. La parte his­tórica y el conocimiento de muchos do­cumentos de la época confirman la autentici­dad de la obra, según los estudios de fines del siglo XIX, y por consiguiente su interés histórico.

C. Cordié

En ellas calló muy a menudo lo que hu­biera podido y debido decir por deber de historiador, permitiendo a su prolífica pluma crear muchas cosas de nuevo. (Da Ponte).

Los que aman a Benvenuto Cellini ama­rán también este libro; ambos cuentan co­sas increíbles, con la diferencia de que Ce­llini miente en tres cuartas partes de los casos, y Casanova miente tan poco que ha­bla mal hasta de sí mismo.  (De Musset).

Cuenta tantas anécdotas en su daño que es menester creer en las que le son favo­rables. Pero ¿y si por casualidad fuese una novela? Pues bien, en tal caso Casanova sería el mayor novelista que existió jamás; pero esto es imposible, no se inventa una materia de tan prodigiosa variedad. (De Gourmont).

…he aquí, por fin, un gozador apasio­nado, típico devorador de instantes a quien el destino regala fantásticas aventuras, una memoria endiablada y un carácter qie no conoce frenos, que se pone a contar su pro­pia vida grandiosa y a contarla sin ador­nos morales, sin artificios poéticos, sin apa­rato filosófico y, en cambio, con toda obje­tividad, tal como ha sucedido, férvida, miserable, sin escrúpulos, divertida, vulgar, indecente, desvergonzada, libertina, pero siempre emocionante y llena de cosas im­previstas; a contarla, además, no ya por ambición literaria o por dogmática jactan­cia o para hacer penitencia, o por exhibicionista y rabiosa manía de confesarse, sino sin reticencias ni escrúpulos, como un vete­rano que, con la pipa en la boca y sentado en una mesa de taberna, conversa con oyentes libres de prejuicios, y narra una porción de aventuras vulgares y con todo arriesgadas. Cuando poetiza no es un hijo de la fantasía y de la inventiva, sino de la maestra de todos los poetas, la vida misma, insuperable en cuanto a riqueza de ocurren­cias y llena de alada fantasía  (S. Zweig).