[Histoire de mes idees]. Obra biográfica de Edgar Quinet (1803-1875), publicada en 1858. El famoso historiador y polemista francés, al reordenar para una publicación de conjunto sus diversas obras, obedeció al deseo de aclarar orgánicamente la historia de su formación espiritual y las tendencias de su pensamiento.
La historia de sus ideas es la de un espíritu honrado y agudo que trata de comprender a fondo la realidad espiritual de Francia: quien medita, lenta pero seguramente, en los acontecimientos políticos de la nación, consigue captar el valor de una profunda crisis que se resuelve a través de un profundo conocimiento. Sobre todo los primeros veinte años del siglo, desde los últimos del régimen napoleónico hasta el reinado de Carlos X, ofrecen la posibilidad de hacer el diagnóstico intelectual de un pueblo, y Quinet evoca perfectamente el ambiente en que vivió y la manera cómo fue madurando la exigencia de una lucha decidida contra toda forma de tiranía y de arbitrariedad. El escritor emprende el estudio de una situación moral que no es sólo personal, sino general; por ello no se complace en narrar anécdotas o hechos estrictamente biográficos, sino que de toda situación capta el valor de una visión histórica, válida para todos los de su generación. Es interesante, a este respecto, la mención del convencional Baudot, con quien estuvo familiarizado hasta el punto de servirse de sus memorias para nuevos estudios sobre la Revolución.
En el episodio de las invasiones extranjeras de 1814 y de 1815, así como en la caída del imperio napoleónico, muestra un sentimiento de orgullo patriótico; pero son descuidadas las necesidades sociales que han de conducir a crear una nueva democracia, decidida a hacer valer sus derechos con agitaciones y luchas. No se trata de combatir contra Napoleón ni contra los Borbones: el pueblo de Francia siente amenazada su libertad incluso en cuestiones que le son extrañas. Detrás de ella se encuentran nuevos derechos, y en la formulación de una conducta de gobierno que se aproxime al ideal del pueblo, en el amor a la justicia y en la exigencia de una estabilidad y un mejoramiento social, es necesario que todos los espíritus tengan conciencia de la lucha común. La obra, en cuanto se refiere más estrictamente a las vicisitudes y a los episodios históricos de Quinet en sus años de madurez, y al destierro durante el Segundo Imperio, es continuada por los Recuerdos del destierro [Souvenirs d’exil], escritos por la esposa del escritor. Por el temperamento oratorio y didáctico de Quinet, la referencia a su propia vida es sólo un motivo para extraer nuevos testimonios de los propios ideales democráticos, de los compañeros de ideología y de las diversas transformaciones a que estuvieron sujetos sus programas políticos.
Este aspecto contribuye también a presentar la Historia de mis ideas como una viva toma de posición ante los acontecimientos del siglo, afirmando con convicción y tenacidad que sólo en la discusión de las instituciones libres de la nación, Francia puede trabajar para su bien y el de la humanidad.
C. Cordie
…espíritu abierto y agudo, con algo de incoherente y nebuloso, artista insuficiente pese o a causa de los retazos de sentimiento y de color con los que creía hacerse un gran estilo. (Lanson).

