Historia de Gil Blas de Santillana, Alain-René Lesage

[Histoire de Gil Blas de Santillane]. Novela de Alain-René Lesage (1668-1747), cuyos dos primeros libros aparecieron en 1715, el tercero en 1724 y el cuarto en 1735, y en edición definitiva fue publicada en 1747. Hay que desechar la idea de que el autor copiase, como se pensó durante al­gún tiempo, un original español que nunca ha existido. Son, por el contrario, nume­rosas las fuentes a que el autor acudió, entre las que deben recordarse, ante todo, el Marcos de Obregón (v.) de Vicente Es­pinel y una infinidad de novelas picares­cas, además de las memorias políticas y panfletos relativos al reinado de Felipe III y Felipe IV. La extraordinaria variedad de aventuras que tanto abundan en el libro, en el que sólo es español el marco, mientras que todo el resto es típicamente francés, hacen la trama de lo más complejo.

Gil Blas (v.), hijo de un escudero y de una dueña, a la edad de 17 años deja la casa paterna para ir a estudiar en la Universidad de Salamanca. Pero una serie de aconteci­mientos imprevistos hace imposible la rea­lización de su proyecto, en ‘el que, por otra parte, no pone él mucho empeño. Engaña­do por un arriero que, como tantos otros, se da cuenta de la ingenuidad del mucha­cho, se junta a una partida de bandidos con la que se ve obligado a convivir algún tiempo, y de la que logra huir salvando a una dama, prisionera asimismo de los bandidos. Acusado injustamente, es aprisionado y liberado más tarde. Encuentra en Valladolid a un compatriota, Fabricio, destinado a tener una gran intervención en su vida, y gracias a él está algún tiempo como servidor de un canónigo, luego de un médico, el original doctor Sangrado, y co­mienza a ejercer él mismo el arte de la Medicina. De Valladolid pasa a Madrid, donde le ocurren otras aventuras; sirve primero a un «petit-maître»; convive luego con algunas cómicas, de una de las cuales se hace amante, y pasa de un amo a otro, conociendo los ambientes y los tipos más diversos, y por fin comienza una nueva vida desde el día en que se convierte en favo­rito del duque de Lerma. En este punto empieza el libro a tener interés histórico, porque el autor nos hace penetrar en los secretos del gobierno, de la administración, de los ministerios, con evidentes alusiones al período de la regencia de Francia después de la muerte de Luis XIV.

Encarce­lado una vez más, Gil Blas sale de Madrid, vuelve a pasar por Valladolid, donde en­cuentra de nuevo al célebre doctor San­grado, y llega a su ciudad natal, Oviedo, donde halla a su padre en trance de muer­te. Después de casarse con la bella Anto­nia, vuelve otra vez a la Corte; protegido personalmente por el rey, se convierte en el favorito del conde de Olivares, que lo manda a Toledo en misión especial. Pero su protector cae en desgracia, y después de una larga serie de aventuras, Gil Blas, que hacía años había perdido a su mujer, se casa con Dorotea, de la que tiene varios hijos. Así acaba la historia. Considerada como superior al Diablo cojuelo (v.), el Gil Blas es aún mucho más dispersa que la primera, en la que es más fácil hallar un nervio unificador, lo que se explica fácilmente si se tiene en cuenta que las di­versas partes del Gil Blas fueron compues­tas en épocas distintas. La rica galería de personajes del Diablo cojuelo está, sin em­bargo, notablemente enriquecida, y mien­tras en su primera novela Lesage se pre­senta sobre todo como el heredero directo de los moralistas del siglo XVII, en ésta sus intereses se han ampliado notablemente: el cuadro de género se ha enriquecido, convirtiéndose — dice Lanson — en cuadro his­tórico. En el tercer volumen, el autor nos señala todos los bajos intereses y la co­rrupción que anida en los organismos ad­ministrativos, y si, cuando en 1737 publica la última parte de la novela, su visión pesimista está un tanto atenuada, no se ha atenuado seguramente su interés por la cosa pública. El hecho es que si en el Diablo cojuelo Lesage, partiendo de La Bruyère, no aporta como elemento original más que el interés de puro artista, ávido de sensaciones y ansioso de encerrar en sus páginas el abigarrado espectáculo del mun­do que lo rodea, en el Gil Blas, al menos en parte, la mueve un nuevo intento más allá del moral y el artístico: el interés so­cial.

Otra influencia se añade a la de los moralistas del siglo XVII: la de Montesquieu, que ya en 1721 había publicado sus Cartas persas (v.). Pero también en el Gil Blas hallamos siempre la riqueza de cuadros que sigue formando el principal interés del libro. La figura del canónigo gotoso, por ejemplo, o la del doctor San­grado, no indigna de la gran tradición de Molière, que mata a todos sus pacientes a fuerza de sangrías; la misma figura de Gil Blas, convertido en médico; la de don Car­los Alonso de la Ventolería, que trata de restaurar los irreparables ultrajes de los años con todo género de trucos; la de don Gonzalo Pacheco, viejo y carcomido enamorado, hazmerreír de su joven adorada, son entre otras muchas, muestras in­olvidables del arte del retrato que Lesage trata con mano segura. Aunque hay partes débiles en su difusa abundancia, el libro tiene páginas de frescura incomparable, par­ticularmente aquellas en que el autor in­tenta representar, con vivísimo sentido del color, el espectáculo interesante del mundo de sus semejantes, más rico de vicios que de virtudes. El Gil Blas queda, por tanto, como uno de los grandes ensayos del rea­lismo francés, como un vasto cuadro de vida, informado por una moral que dista mucho de ser elevada, pero que no es cí­nica, sino práctica, realista, en una tradi­ción de arte y de pensamiento caracterís­ticos de su nación.

F. Àmpola

Su novela Gil Blas ha sobrevivido, porque hay en ella verdadera vida. (Voltaire)

Entre la multitud y como al azar, Lesage eligió su Gil Blas; el autor trató continua­ente de confundirlo. (La Harpe)

Es el primer libro que me disgustó de la literatura del siglo XVIII. (Veuillot)

La sátira de Lesage es pintoresca; es una pintura de los hombres y de la vida; por eso Lesage es, en el siglo XVIII, el verda­dero heredero de Molière y La Bruyere. (Lanson)

Es un libro prismático, multifacético, compuesto de estaciones, y se pasa de una a otra a través de cambios sensibles. (J. Cassou)

*   El Padre José Francisco de Isla y Rojo (1703-1781), creyendo que la obra de Le­sage era la traducción de un original es­pañol perdido, la retradujo en español con el título Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas a España y adaptadas en Fran­cia por Lesage, restituidas a su patria y a su lengua por un español celoso que no sufre que se burlen de su nación (Madrid, 1787-1788). Isla, que usa el anagrama de Joaquín Federico Issalp, ha traducido la obra maestra francesa con un sentido ad­mirable de la lengua y el color, acreditan­do con ello la teoría del plagio, que halló muchos sostenedores, entre otros Llórente, el cual atribuyó la novela, sin tener nin­guna prueba documental, a Antonio de Solís y Rivadeneira, el autor de la Historia de la conquista de México (V.).

*   El Gil Blas de Lesage ha tenido también dos adaptaciones en la literatura rusa: una de Vasilij Trofimovic Narieznyj (1780-1825), Gil Blas ruso o las aventuras del príncipe Gavrila Simonovic Čistjakov, sátira de la vida social del primer cuarto del siglo XIX (publicada en 1814), y otra de Tadeo Venediktovic Bulgarin (1789-1859), Ivan Vyzigin o el Gil Blas ruso (1831).

E. Lo Gatto

*      Obras musicales con libreto tomado de la novela de Lesage: una ópera cómica, Gil Blas de Théophile Senet (1824-1888), París, 1860, y una opereta, Gil Blas de Santillane del húngaro Alphons Czibulka (1842-1894). Hamburgo, 1889.