Historia de Carlos XII, François-Marie Arouet

[Histoire de Charles XII]. Publicada en edición clandestina en 1731, es el primer trabajo en el que François-Marie Arouet (Voltaire) (1694-1778) trató de historia. Superada de golpe la concepción clásica de la historio­grafía entendida como género literario, Vol­taire quiere mostrar un ejemplo de la libre y compleja autonomía propia de toda obra histórica. La figura de Carlos XII, rey de Suecia, en el que toda Europa tenía puestos los ojos en aquellos años, más que objeto de un estudio psicológico o de un capítulo de historia dinástica, constituye el centro de interés que mueve todos los hilos de la acción, verdadera «actio» dramática que se desenvuelve con autonomía en una serie de grandes cuadros de nítidos episodios. De­lineado brevemente sobre el fondo de la historia sueca el carácter del hombre, héroe novelesco de una voluntad caprichosa, se pasa súbitamente a la narración de las ex­pediciones militares contra Federico II de Dinamarca, Augusto II de Polonia y Pedro el Grande de Rusia, contra los que se des­fogó su ímpetu guerrero. A la exposición de los hechos, cuidada con moderno escrú­pulo de exactitud, e ilustrada con referen­cias a instituciones y costumbres diversas, sabe dar Voltaire una entonación segura, guiado por una vigilante sensibilidad artís­tica.

Así es como compone cuadros de sim­ple y grave belleza, tales como el de la batalla de Narva, el de la derrota de Poltava, el de la resistencia de Varnitza, por encima de los cuales, cuando todo parece perdido, la puerta del destino, obstinada­mente forzada, muestra nuevas vías a las temerarias empresas de este hombre, do­minado por la tiranía de una voluntad cie­ga. Sólo la muerte, en el asedio de Frédérickshall, rompe el ritmo de sus locas em­presas guerreras que han extenuado al país y puesto el trono en peligro. El historiador no se mete jamás a juez, y su obra, aun siendo tan sabrosa para sus lectores, no se propone otro fin que la lúcida objetividad, tal como resulta de los hechos, pero reavi­vada por la sobria elegancia del estilo. Para su héroe parece demostrar Voltaire a veces admiración, a veces desprecio; pero es siem­pre más fuerte que todo esto el respeto a la disciplina histórica, que se propone res­tituir a nueva dignidad e independencia, extendiendo sus límites a todos los aspectos de la vida (v. Ensayo sobre las costumbres), por medio de una evocación del pasado más exacta y completa, propugnada en la Carta arla Academia (v.) de Fénelon.

L. Rodelli

Su maravillosa variedad en las formas ex­teriores, bien lejana del deseo de probar algo en favor de la íntima riqueza de su espíritu, ofrece más bien un testimonio sos­pechoso contra él: porque a pesar de todas esas formas, el autor no ha encontrado to­davía «una» en la que poder expresar un corazón. (Schiller)

Desembrolla ágilmente los hechos y nos da de ellos una narración que corre ligera y luminosa, evitando los detalles superfluos y poniendo de relieve lo esencial. Es la primera verdadera historia de nuestra literatura, que no sea nada más que his­toria. (Lanson)

Toda la belleza de la Historia de Car­los XII reside en el movimiento. Y el mo­vimiento es el secreto de las novelas de Voltaire. (M. Bontempelli)

La Historia de Carlos XII es un modelo de inteligencia histórica en el significado más moderno de la palabra. (Fernandez)