Igual título, y derivando de las mismas fuentes dantescas, tiene una tragedia en cinco actos y en verso, de Gabriele D’Annunzio (1863-1938), representada en 1901 por Eleonora Duse, y publicada el año siguiente. «Poema de sangre y de lujuria», la define D’Annunzio en los tercetos de «Despedida» que siguen al libro, y como tal resume los principales motivos de la musa dannunziana; lo meritorio de la obra consiste en que, estos motivos, no los agranda para exaltarlos, ni tampoco quiere suavizarlos, sino que claramente los atenúa en la música y en el suspiro de la amorosa voluptuosidad.
La acción trae a escena el famoso episodio de Dante, añadiendo la leyenda del matrimonio por poderes narrada por Boccaccio en su Comento dantesco; se añade además la figura de un hermano menor de Paolo y Gianciotto, Malatestino, también enamorado de Francesca, y delator, por celos, de la intriga amorosa. Teatralmente ha sido muy elogiado el IV acto (donde el malvado Malatestino prepara la trampa en que caerán los amantes), el que más atiende a sujetar la acción y a reprimir los ímpetus musicales en las breves y secas palabras que la sostienen. Sin embargo, de esta sequedad nace otra música, que, con amargo fervor, repite el antiguo tema dannunziano de la voluptuosidad cruel; lo mejor de la obra está, sin embargo, en la amorosa languidez de Francesca, tan identificada con el paisaje arbóreo marino o fluvial, que hubo quien justamente comparó la tragedia con los tres cantos iniciales de La Ciudad del Silencio; y precisamente en los trozos líricos y musicales más abiertos: en la voluptuosa melancolía del presentimiento del amor, en el coloquio entre Francesca y su hermana (acto I), en los coloquios de amor con Paolo (actos II y III). Menos feliz el coloquio del acto V, puesto que el tema de amor, sin ser sostenido por la pasión y la melancolía de quien desea y no tiene, se desliza hacia aquel tono enfático del D’Annunzio más vacuo.
A lo largo de los cinco actos se hace uso, además, de otro elemento para llenar los huecos de la acción y del tema poético: la afición a imitar modos, formas y costumbres antiguas, es decir del tiempo en que se desarrolla la acción: finales del siglo XIII. También desde este punto de vista no carece la obra de páginas de gran finura, pero, en total, resultan ociosas y pesadas para nuestro gusto actual, como el «falso antiguo» en arquitectura. Sin embargo, precisamente éste fue el aspecto de la obra que más influyó sobre el teatro menor de principios del siglo XIX en Italia, desde La Cena de las befas de Benelli al Mofador de. Berrini; y se comprende, pues hubiera sido mucho más difícil aprender el verdadero secreto de su poesía. En el texto publicado hay, antes de la tragedia, una canción a Eleonora Duse, en el estilo de Electra (v.).
E. de Michelis
En la Francesca da Rimini el lector encontrará unas páginas de música pura; la ferocidad medieval de las armas y la sensual suavidad de los amores son dos notas caras al gran poeta, y aquí son acogidas y transfiguradas, pero a veces incluso inutilizadas, en un gusto superior de lo arcaico y de lo precioso. (L. Russo)

