Paolo y Francesca, Stephen Phillips

[Paolo and Francesca] Otra notable elaboración teatral del epi­sodio dantesco es la tragedia en cuatro actos en verso Paolo and Francesca, del poeta inglés Stephen Phillips (1868-1915), repre­sentada por primera vez en el «St. James’s» de Londres en 1902. Phillips, actor y poeta excelente, se inspiró para escribir esta tra­gedia en la historia, o, por lo menos, en los elementos históricos del inmortal episodio dantesco, y en la leyenda, tomando también evidentemente algunos detalles de Yriarte (Françoise de Rimini dans la légende et dans l’histoire). Francesca, acompañada de un numeroso séquito, llega al castillo de los Malatesta en Rimini para celebrar sus bodas con Giovanni el Cojo. El hermano de éste, Paolo, ha ido a recogerla a Rávena, y precisamente durante este viaje los dos jó­venes conocen por primera vez los «dubbiosi desiri» («inciertos deseos»). Una vieja ciega, criada de los Malatesta, predice a Giovanni que algún día Francesca le trai­cionará, pero no sabe decirle con quién.

Fatalmente nace el amor inconsciente en el alma de Francesca, consciente en la de Paolo. Éste quiere huir de la casa para no traicionar a su hermano, quien, después de la predicción de la ciega, es atormenta­do por los celos. Giovanni se dirige a una especie de mago, para pedirle una droga milagrosa que tenga la virtud de suscitar en Francesca el amor hacia él. Pero he aquí que llega Paolo; Giovanni se oculta y desde su escondrijo oye a Paolo que pide una droga mortal para sustraerse al amor cul­pable que siente hacia su cuñada. De esta manera descubre a su rival: simula partir para la guerra y, ocultándose en la habi­tación contigua a la de Francesca, durante la noche sorprende y mata a los dos aman­tes. La última escena alcanza un tono alta­mente trágico y un gran efecto teatral, cuando Giovanni besa a los dos cadáveres y  dirigiéndose a los cortesanos presentes, ex­clama: «Se amaron contra su voluntad y contra mi voluntad yo los maté». Predomi­na en esta obra un sentido teatral que explota hábilmente motivos románticos y posrománticos para alcanzar efectos a me­nudo puramente dramáticos.

M. Borsa

*   Un gran número de músicos, sobre todo en el período romántico, se inspiró en el célebre episodio dantesco; nacieron por lo tanto muchas óperas, casi todas hoy en día olvidadas. Sin embargo es digna de ser re­cordada la Francesca da Rimini de Saverio Mercadante (1795-1870), la de Pietro Generali (1782-1833), la de Casimir Gide (1804- 1878), la de Antonio Cagnoni (1828-1896), la de Hermann Gotz (1840-1876), que murió sin acabar su ópera y ésta fue más tarde terminada por Johann Brahms (1833-1897) y por Ernst Frank (1847-1889), y repre­sentada en Mannheim en 1877. También Ambroise Thomas (1811-1896) compuso una Francesca da Rimini, una de sus últimas óperas, muy bien acogida por el público en su primera representación, que tuvo lugar en París en 1882. Siguen las óperas homónimas de Eduard Naprawnick (1839- 1915), San Petersburgo, 1903; Sergei Rachmaninoff (1873-1943), Moscú, 1906; Franco Leoni (n. 1865), París, 1914, y muchas otras. Con el título Paolo e Francesca fueron es­critas una ópera de Luigi Mancinelli (1848- 1921), Bolonia, 1907, y otra de Émile Abrámy (n. 1882), representada en 1912.

*   Entre las mejores óperas está la Fran­cesca da Rimini de Riccardo Zandonai (1883-1946), con libreto de Tito Ricordi, arreglado sobre la tragedia dannunziana. Representada por primera vez en el Teatro Real de Turín en 1914, obtuvo un éxito que aún no ha disminuido, y es, por el equili­brio orquestal en que reviven las virtudes del sinfonismo tradicional, quizá la ópera que mejor cimentará la fama de Zandonai.

*   Entre las evocaciones sinfónicas recor­damos la fantasía para orquesta Francesca da Rimini de Peter Caikowsky (Tchaikowsky) (1840-1893); la partitura musical que para la tragedia de D’Annunzio compuso Antonio Scontrino (1850-1922); las músicas de escena de Arthur Foote (1853-1937); la cantata Francesca da Rimini de Paul Gilson (1865-1942); las partituras para la tragedia de Crawford de Gabriel Pierné (1863-1937); el poema sinfónico del mismo título de Pierre Maurice (1868-1936); las músicas de es­cena de Percy Pitt (1870-1932); y el poema sinfónico Paolo e Francesca de Paul August von Klenau (n. 1883), estrenado en Viena en 1924.

*      Los cuadros sobre este tema son muy nu­merosos, y entre ellos los más célebres son los de Ingres (Museo de Angers), de Ary Scheffer, de A. Cabanel (Museo de Luxemburgo), de D. G. Rossetti, etc.