[Eve future]. Novela publicada en 1886. El joven lord Ewald está enamorado de una cantante, Alicia Clary, de magnífica belleza y ninguna espiritualidad.
Desconsolado hasta pensar en el suicidio, no pudiendo ni amar ni dejar de amar a Alicia, habla de su tormento al inventor Edison, amigo y protegido suyo, quien pone a su disposición su ciencia prodigiosa. Ha creado un autómata, Hadaly, revestido de tiernas carnes, que se mueve y habla con ayuda de la electricidad y del fonógrafo; haciendo acudir a Alicia con un pretexto, hace a Hadaly completamente similar a ella, dándole su voz y sus ademanes, hasta engañar por un momento al mismo Ewald. Luego insufla en el admirable autómata el alma de Sowana, es decir, el alma hipnótica que ha arrancado con el magnetismo a mistress Anderson, una mujer fina y desgraciada caída en letargo. Lord Ewald, al principio casi indignado con el magnífico fraude, y luego vencido por la alta y espiritual gracia de la nueva Eva, la lleva a Inglaterra para vivir con ella en su castillo. La muñeca es encerrada en una caja, en el fondo de la nave: un incendio que allí estalla la destruye, con inmensa desesperación del joven que había visto realizado su ideal perfecto.
Pese al abuso de términos científicos, al elemento maravilloso brindado por recentísimos descubrimientos (teléfono, gramófono) y a anticipaciones como la del cinematógrafo, no se trata precisamente de una novela científica. Edison aparece, en su fantástico laboratorio, como un mago, maestro en ciencia y también en filosofía. No sólo crea para Ewald el autómata prodigioso, sino que persuade al joven de que, como la realidad sólo vive en nuestro pensamiento, su pensamiento puede animar la estatua Hadaly, que mucho mejor que Alicia podrá suscitar y responder a la ilusión creadora. Más que de la ciencia, Hadaly es hija del sueño, del deseo ideal de Ewald.
El alma que al fin la llena, la de Sowana, es un misterio más profundo añadido a la obra, que encierra reflejos mágicos, encantos líricos, con vanas insistencias técnicas y recargada ironía, zonas de sombra y otras de vivísima luz. Obra estrechamente ligada a algunos de los Cuentos crueles (v.), los inspirados en el idealismo absoluto, de forma que los precedentes literarios de autómatas que despiertan amores (en Hoffmann y otros) apenas le sirvieron. Sin duda no alcanza el ambicioso empeño de una creación fáustica, pero el libro es de los más notables y sugestivos del autor.
V. Lugli
Una de las novelas proféticas de nuestra civilización mecanicista y americanista de hoy, la profecía de un Daniel del cine. (Thibaudet)

