Evangeline o Un cuento de Acadia, Henry Wadsworth Longfellow

[Evangeline or a Tale of Acadie]. Este poe­ma, publicado en 1847, por el poeta nor­teamericano se basa en un episodio histó­rico: en 1775 los habitantes de Nueva Es­cocia o Acadia, donde vivían algunos milla­res de franceses, se vieron obligados a emigrar y desparramarse por las demás provincias inglesas.

El poeta nos describe el pueblo acadiano de Grand-Pré, con sus casas de encina y de castaño, sus amplios prados y el mar lejano, donde los habitan­tes viven felices, fraternalmente confiados y sinceros. El más rico hacendado de Grand-Pré, Benedict Bellefontaine, vive en su soleada casa con una hija, Evangeline, pro­metida a Gabriel Lajeunesse, hijo del pode­roso herrero del pueblo. En vísperas de las bodas, cuando el notario Leblanc, noble figura de patriarca, está extendiendo el con­trato nupcial, corre la voz de que han desembarcado los ingleses; al día siguiente, mientras se celebran las bodas, se anuncia que los habitantes de la población habrán de marchar inmediatamente, abandonando casas, ganado y enseres.

El herrero Basil quisiera rebelarse a la cruel imposición, pero el Padre Felician exhorta a sus feli­greses a aceptar la voluntad de Dios. La gente abandona, pues, el pueblo y angus­tiosamente se embarca; pero en la confu­sión del momento Gabriel y su padre suben a barcos distintos, mientras Evangeline se queda en la playa con el anciano padre que muere en sus brazos. Una vez sola, marcha en busca de Gabriel. Durante largos años le busca incansablemente, pero no consigue encontrarlo. Con el paso de los años se marchita su delicada belleza y, ya vieja y resignada, se instala en una ciudad de cuá­queros donde vuelca en acciones caritativas el tesoro de amor que no ha podido entre­gar a su amado. Durante una epidemia, en un lazareto, donde ejerce su obra de cari­dad, encuentra finalmente a Gabriel, viejo y moribundo, que sólo la reconoce con una larga mirada de amor; luego expira incli­nando la cabeza sobre el pecho y ella da gracias a Dios por haberle permitido encontrarlo. Es una historia patética que va­gamente recuerda el motivo goethiano de Hermann y Dorotea (v.) pero en la que el sentimiento verdadero está sustituido con harta frecuencia por una sencilla pátina sentimental.

Longfellow, poeta popularísimo pero carente de profundidad, no sabe re­producir con acentos conmovidos el drama de Evangeline y sólo consigue hacer de ella una figura esquemáticamente convencional. Consigue describir mejor la angustia de los acadianos en la dolorosa separación de la tierra natal y son hermosas ciertas descrip­ciones de la naturaleza, la suave dulzura del paisaje de Nueva Escocia, la exuberan­te vegetación de las orillas del Mississippí. El metro es el hexámetro trocaico, inusi­tado en la poesía inglesa por adaptarse poco al idioma, pero el autor consigue darle de vez en cuando una singular eficacia.

A. P. Marchesini