[Spagna]. Obra publicada en 1873. Es la relación de un viaje efectuado por España en 1871, mientras reinaba (1870-1873) el caballeroso Amadeo de Saboya-Aosta, hijo de Víctor-Manuel II; por ello el libro, fiel crónica periodística (apareció en forma de correspondencia en «La Nazione» de Florencia) de las dispares voces de la opinión pública en aquel inquieto momento, en torno a la dirección política que se debía dar al país, es incluso notable como testimonio político. El estado de ánimo de Amicis es el que él mismo expresa en algunas líneas, hacia el final del viaje: «…el primer sentimiento que me inspiran las cosas y las gentes es un sentimiento de simpatía; un deseo que no halla nada que me obligue a censurar; una necesidad de embellecer ante mis propios ojos las cosas bellas, de ocultar las desagradables, de excusar los defectos…».
Sentimiento que perdura, sin euforia, pero cordial y razonable, en todas las páginas de la obra, de prosa periodística viva y atractiva. El libro (del que se dijo acertadamente que conservaba reminiscencias de célebres páginas de Gautier) está dividido en trece capítulos, cada uno dedicado a una ciudad, o sea, a una etapa del viaje. De Amicis recorre España con espíritu abierto, sin preocupaciones ni prejuicios, sin callar lo que le parece menos hermoso (por ejemplo, la propensión al énfasis, a la grandilocuencia, a la retórica: véanse las admirables páginas sobre la oratoria de Cas- telar, que aprecia tanto, pero de la cual, en sustancia, desconfía) de un país por tantos aspectos ilustre y admirable, y del cual, con justicia, exalta las glorias civilizadoras y las bellezas naturales.
Ciertas páginas, sobre el Alcázar de Toledo, sobre la vida, los perfumes de Sevilla, el museo del Prado, la Alhambra de Granada, son fragmentos de antología, aunque no siempre exentos de retórica. Algún motivo ingenuo, típico de De Amicis, se insinúa entre tanto color y tanta variedad de acentos: alguna que otra lágrima resulta superflua. Pero, en la atmósfera de sincero entusiasmo, de franca adhesión a la vida pasada y presente de un gran pueblo, no resultan desentonadas. Y la justa medida con que De Amicis supo dosificar tantos elementos diversos ha constituido en parte un modelo para muchos periodistas viajeros contemporáneos.
G. Falco

