Los textos sapienciales del Egipto antiguo llevaban el título genérico de Enseñanzas; en ellos figura siempre el nombre del autor, real o ficticio, en este último caso escogido entre los personajes más destacados del pasado, con objeto de dar más autoridad a la composición. Consisten, por lo general, en una colección de consejos y recomendaciones escritos en pulcro lenguaje, expresados en forma sentenciosa, que un rey, un personaje anciano o un padre imparten a su directo sucesor, a un joven funcionario, o a un hijo. Los más antiguos, que remontan al Antiguo Imperio son los dos textos que figuran en el papiro hierático Prisse, así llamado del nombre de su primer poseedor, el arqueólogo Prisse d’Avennes.
Del primero de ellos, atribuido a un visir, Kagémnj, a quien se cree contemporáneo de Áhjináj último rey de la tercera dinastía (2797- 2773 a. de C.) y de Senfóre, el primero de la cuarta dinastía (2773-2749 a. de C.) sólo nos ha llegado el fragmento final, en el cual se leen observaciones en torno a la manera de portarse en la mesa, en compañía de glotones y borrachos. Personalmente — aconseja Kagémnj — debemos sabernos contentar con un poco de agua para apagar la sed, con un bocado de melón para restaurarnos: «un poco de cualquier cosa basta para sustituir lo mucho». El segundo se atribuye a Ptahhótpe. Un alto personaje de ese nombre, que ocupó el cargo de visir, vivió realmente en tiempo de Setkerie Azóze, penúltimo rey de la quinta dinastía (2614- 2586 a. de C.). Este es el más antiguo texto completo de Enseñanza. En el preámbulo, el autor, que dice tener edad avanzada, pide a su rey autorización para tomar un ayudante o sustituto («bastón del anciano») a quien transmitirá las palabras de quien ha escuchado a los dioses y las normas aprendidas de sus predecesores.
Nadie nace sabio, y el que sabe no debe ensoberbecerse: el fondo del conocimiento es inaccesible. Una buena palabra sabia es más rara que la esmeralda; con todo, podemos hallarla hasta entre las esclavas que sudan sobre la muela triturando el trigo. Siguen preceptos prácticos, referentes a los contactos diarios con los superiores e inculcan la perseverancia de la recta conducta y de la obediencia, porque el «que es diligente en obedecer, a su tiempo sabrá mandar». Algunos consejos se refieren a las relaciones y tratos con las mujeres: «Si deseas que dure la amistad con la casa que frecuentas, no te acerques a las mujeres. Este es un corto momento como un sueño: llegamos a la muerte cuando las conocemos». Hay que amar profundamente a la esposa propia: «Llena su estómago, viste su espalda; el remedio para sus miembros son ungüentos y perfumes. Tenía contenta durante el tiempo de su existencia». Mayor es el número de los textos sapienciales atribuidos al Imperio Medio (din. IX-XIV, 2336-1753 a. de C.) en los cuales podemos incluir por su desenvuelto contenido moralizante la Historia del campesino elocuente (v.) y, por su contenido filosófico-pesimista, el Diálogo del cansado de la vida, con su alma (v.).
Son muy conocidas las Enseñanzas — que nos han transmitido los papiros Sallier II y Anastasi VII y, parcialmente, en ostraka— que Duauf, hijo de un Agtoj, dio a su hijo el día en que le acompañó a la escuela de los escribas, entre los hijos de los grandes del país. Para infundirle amor por los libros con ejemplos sacados del lenguaje común, el padre describe al hijo las ventajas de la profesión de escriba, a la que contrapone hábilmente la vida trabajosa y afligida del que está obligado a vivir con el producto de sus brazos: tema éste que se repite ejemplificado más o menos diversamente en numerosos escritos escolares del Nuevo Reino (de la dinastía XVI, 1644, a. de C. en adelante). Mayor importancia revisten las Enseñanzas atribuidas a reinantes famosos de este período, de los cuales obtenemos más de una información preciosa en torno al Estado egipcio y a la vida pública de la época. Un papiro hierático de la dinastía XVIII, del tiempo de Thutmóse III (1490-1436 a. de C.), nos ha conservado copia de las Enseñanzas atribuidas a un rey de la dinastía heracliopolitana, que fue contemporánea de los reyes tebanos de la dinastía XI (2223-2082 a. de C.), el cual parece haberlos dirigido a su hijo, rey Merikerie.
Consisten en una colección de agudas sugestiones políticas y de normas que se refieren al gobierno del Egipto del sur y del norte y, al mismo tiempo, de exhortaciones a perseguir y oprimir a todos los .jefes de partidos; a interesarse por las generaciones contemporáneas, con objeto de ganar su ánimo y sus simpatías, cuidar la defensa del país, prever siempre el porvenir, a reconocer méritos en sus súbditos, no según su origen, sino pesando el obrar del individuo, y a respetar las instituciones religiosas. Algo posteriores son las Enseñanzas atribuidas a uno de los reyes más importantes de la dinastía XII, Amenemhet I (2081-2062 a. de C.) el cual parece haberlos dedicado a su hijo Zenwósre I, elevado a regente en su vigésimo año de reinado. Las copias que nos quedan en papiro y en fragmentos de ostraka, remontan a la dinastía XIX. Estas Enseñanzas fueron redactadas en tono altamente escéptico; los contemporáneos no gozaron de las simpatías del autor. Fueron escritas bajo la impresión de un odioso atentado que ninguno de tantos individuos o personajes beneficiados habían tratado siquiera de impedir.
Es digno preámbulo de las Enseñanzas esta recomendación: «Desconfía de los que dependen de ti: no los admitas en tu confianza. Desconfía de tu hermano, no reconozcas amigos; no tengas confidentes». Son también de contenido político las Enseñanzas dedicadas a su hijo, que un gran funcionario, Shetepjbrie que vivió en tiempos de Amenemhé’e III mandó esculpir en una estela, que hoy figura en el Museo del Cairo; leemos en ella la exposición del credo político del autor, y su declaración de lealtad para con el soberano. También durante el Nuevo Imperio (din. XVI-XXV, 1644-664 a. de C.) se compusieron Enseñanzas. Han llegado hasta nosotros las que Enej comunicó a su hijo Henzhótpe conservados en un papiro hierático de la dinastía XXI-XXII, los cuales constan de normas y de consejos de pequeña moral, que han de tenerse presentes en los casos de la vida cotidiana. A la exhortación de demostrar gratitud y cariño a los padres y en especial a la madre, siguen exhortaciones para poner en práctica los buenos consejos, para ser cautos en hablar, y en guardar secretos. Como antes en las Enseñanzas de Ptahhótpe no falta la recomendación de constituir pronto casa propia, además de la otra recomendación de evitar acercarse a las mujeres, en modo particular «a la que durante la ausencia de su marido, te repite cada día: «yo soy hermosa»: «esto — comenta Enej — es un pecado digno de muerte».
Además, deben evitarse las muchachas y la cerveza, los dos más peligrosos atractivos para los jóvenes egipcios que quieran abrirse camino en la vida. Un eco de la urbanidad puramente externa de aquella época lo recogemos en la recomendación de no quedarse sentado cuando un anciano o un superior están en pie en nuestra presencia. Se consideran casi contemporáneos de los precedentes, las Enseñanzas que un tal Amenemópe redactó para su hijo Haremmahrów y que se conserva en un papiro hierático del Museo Británico y fragmentariamente en una tablilla de madera del R. Museo de Antigüedades de Turín. Su contenido, distribuido en treinta capitulitos no siempre enlazados por evidentes referencias ni transiciones lógicas, se distingue por la novedad de más de un tema tratado por el autor, el cual se muestra observador sereno y agudo, expositor convincente de hechos humanos, persuasivo consejero de normas del bien vivir. Amenemópe conocía el valor de su obra, a la cual, ya en el exordio, se complace en calificar sin rodeos de «almacén de la vida». Todas las simpatías del autor se inclinan hacia el hombre silencioso, que pesa sus palabras de leal ciudadano, buen funcionario.
Temas nuevos en composiciones de este género son el amor al prójimo, el respeto a la vejez, la reprobación hacia quien se burla de los deformes, el premio divino para el que contenta a los humildes y el concepto muy elevado de la divinidad. Las Enseñanzas de Amenemópe fueron conocidas y admiradas también fuera de Egipto. Estudios recientes han confirmado la dependencia efectiva de los llamados Proverbios atribuidos a Salomón, de las Enseñanzas. En demótico, tiene contenido sapiencial el Papiro Insinger. Los libros sapienciales egipcios documentados por el Antiguo Reino, presentan particular interés porque reflejan y contienen, durante un período de al menos dos milenios, un pensamiento, una observación y una experiencia personales, que cambian con la sucesión de los tiempos. Por sus preciosas alusiones a los acontecimientos contemporáneos de usos y costumbres que de otro modo se hubieran ignorado, estos libros resultan ser fuentes indispensables para la reconstrucción de múltiples aspectos de la vida egipcia antigua.
E. S. Camuzzi

