[Essai sur la Philosophie des Sciences]. Obra de (1775-1836), aparecida en primera edición, en un volumen, en 1834, y, en dos volúmenes, en 1838 (París). Va precedida de un interesante ensayo sobre Ampére, debido a Littré y a Sainte-Beuve. La obra es una especie de amplia y sintética reseña de los conocimientos humanos, con un intento de clasificación analítica y racional de las ciencias. Éstas quedan divididas en dos grandes reinos: «ciencias cosmológicas» (o de la naturaleza) y «ciencias del espíritu». Las primeras se dividen en dos subreinos (correspondientes a los seres animados e inanimados); el primer subreino comprende, a su vez, dos ramas: las ciencias matemáticas y las físicas, y así sucesivamente. Siguiendo dicha división binaria, Ampére acaba con la subdivisión del saber en 224 ramas diversas, de las cuales 32 de primer orden, 64 de segundo y 128 de tercero y, como la práctica de su época no le ofrece una nomenclatura adecuada a un número tan grande de subdivisiones, recurre sin más a la invención de nuevos términos, como «canalbogía», «cibernética», «terpnognosía» y otros caídos en su mayoría en el olvido más profundo.
La astronomía matemática está dividida en tres ciencias diversas: la «uranografía» (que estudia los movimientos aparentes de los cuerpos celestes), la «heliostática» (que pasa de las apariencias a las verdaderas interpretaciones) y por fin la «astronomía» (que se ocupa de las causas físicas de los movimientos reales). El intento de Ampére sirve para aclarar definitivamente lo que de arbitrario y personal existe en dichas subdivisiones y la inutilidad de la tentativa, continuada más tarde por Compte y muchos otros, en Francia y fuera de ella; es decir, el buscar una clasificación racional que lleve dentro un motivo y una finalidad lógica absoluta, cuando la finalidad de dichas clasificaciones tiene un objetivo práctico, de comodidad didascálica y sirven para procurar indicaciones aproximadas de la materia contenida en un curso o en un volumen, y de los temas que conviene agrupar para conseguir una finalidad didáctica, y así sucesivamente.
Al desconocer dicha sencilla, pero verdadera finalidad clasificadora, Ampére se ve llevado a verdaderas extravagancias, como cuando coloca a la química al mismo nivel que la higiene, o cuando protesta contra la simbiosis — todavía corriente en sus días en las escuelas de medicina — entre «materia médica» y «terapéutica», sin advertir ni dar importancia al hecho de que las propiedades fisiológicas de los medicamentos están tan ligadas a su composición fisicoquímica, que sería completamente inapropiado separar dichos estudios. En el prefacio el autor declara que hubiese querido escribir una obra más amplia y no limitarse solamente a dar una idea general de las diversas ciencias. Hubiera querido enriquecer su enciclopedia dándonos una especie de historia de las diversas ramas del saber, de sus progresos más recientes, de los sistemas entonces en discusión y quizás incluso de los puntos de vista del mañana, de modo que «el lector pudiese formarse una idea justa de los actuales trabajos de los estudiosos, de los descubrimientos que han hecho glorioso a nuestro siglo y de los que han abierto el camino…». Pero todo ello quedó en pura intención.
U. Forti

