Novela de Félix Lope de Vega Carpió (1562- 1635), publicada en Sevilla (y en el mismo año en Madrid) en 1604. Se divide en cinco libros, y además de la inserción de muchísimas poesías, entre ellas la famosa égloga a Camila Lucinda («Serrana hermosa, que de nieve helada») contiene al final de las cuatro primeras partes cuatro «autos sacramentales»: El viaje del alma, Las bodas del alma, La maya y El hijo pródigo, introducidos de una manera totalmente subrepticia; lo que obliga a Vossler a definir la novela en cuestión como «un pasable recipiente literario» para hacer pasar obras de difícil colocación en el comercio literario. Y que el motivo de la obra es externo y ocasional queda demostrado incluso en el prólogo, donde el autor polémicamente rebate a envidiosos censores y reivindica contra los plagiarios una lista de 219 obras que en la sexta edición (1618) llegan a 333.
El planteamiento de la novela es francamente barroco y hace hincapié en el esquema bizantino de la pareja de amantes a quienes la suerte adversa separa y que solamente después de increíbles aventuras llegan casarse. El modelo más conocido de esta clase de novelas se le ofrecía a Lope con las Etiópicas (v.) de Heliodoro, con el cual más tarde el mismo Cervantes quiso competir en el Persiles y Sigismunda (v.); pero como ejemplo más reciente se indica la Selva de aventuras (1565) de Jerónimo de Contreras.
El «peregrino» es el joven Pánfilo de Luján, quien, raptando a la hermosa Nise, después de una fuga llena de peligros, se ve separado de ella, acaba prisionero de los moros, es libertado por Nise, juntos se salvan en tierra de cristianos, pero se ven separados nuevamente por el infortunio y solamente después de indecibles peripecias llegan a reunirse. A las aventuras de Pánfilo y de Nise se mezclan las de otras parejas, como Celio y Finea, es decir, del hermano de Nise, que para vengarse de Pánfilo rapta a la hermana de éste en Francia, donde se ve obligado a abandonarla a consecuencia de un desafío. Pero al fin las dos parejas se encuentran en el mismo día y todo acaba en una serie de matrimonios con el beneplácito general.
El autor pasea a sus personajes sometiéndolos a las aventuras más desorbitadas y organizando una especie de itinerario por los más famosos santuarios de la época. Extrañas aventuras por tierra y mar, con el consabido acompañamiento de piratas, naufragios, enamoramientos, equívocos; parejas que el azar reúne en un manicomio y separa en la prisión; separaciones inesperadas y aún más inesperados reconocimientos, historias de fantasías y milagros, disertaciones científicas y disputas filosóficas. El propósito del autor es el de encuadrar las azarosas aventuras en un libro «de entretenimiento», y los encuentros que prepara para sus criaturas centran todo su interés en el gusto exclusivo por la intriga.
Aparte estas vicisitudes, los personajes no tienen consistencia y no dejan huella, «simples maniquíes» — como dice Sainz de Robles — «que Lope mueve sin compasión en una serie de situaciones altamente dramáticas». Quedan, empero, las inserciones líricas y teatrales y los recursos autobiográficos que en el transcurso de la novela, esencialmente hecha de suspensiones y continuaciones, constituyen una especie de remansos que contribuyen a crear el hado melancólico que suele pesar sobre el destino de todo amor.
C. Capasso
Cuadros impresionantes, llenos de emoción — recordamos el despertar en la cárcel (libro tercero) y las apariciones nocturnas de fantasmas en el hospital abandonado —, delicadas descripciones de la naturaleza, de fina sensibilidad, agudas palabras sobre la experiencia de la vida, se levantan como islas en el apresurado y monótono fluir de la narración. Mantenerse en continuo contacto con él lector, tal como consiguen hacerlo los grandes narradores, Cervantes sobre todo, no es el fuerte de. Lope. Éste se dirige a espectadores y a oyentes, no a lectores. (K. Vossler)

