[Il Márchese di Roccaverdina]. Compuesta en Roma, en 1900, esta novela de Luigi Capuana (1839-1915), naturalista en su asunto, en su desarrollo y en sus conclusiones, tiene en algunas páginas un sello patético que casi hace olvidar su fecha de composición una señal rápida, a veces, de situaciones líricas espontáneas, y a veces, un diálogo brillante y vivo que deja presentir al autor de las fábulas.
El marqués de Roccaverdina (v.) vive en sus tierras de Sicilia, con el abuso, la rigidez y los malos arbitrios de sus bisabuelos, que fueron apodados los «Maluomini». En el pequeño palacio donde ahora vive solo con su vieja nodriza, «mamma Grazia», ha tenido consigo durante diez años a Agrippina Solmo, una campesina que le consagró su juventud, su belleza y su pureza, con ánimo de enamorada y de esclava. Para no correr el riesgo de deshonrar su sangre si se casaba con ella, el marqués la da por esposa a un abnegado servidor, Rocco Criscione, pero exigiendo que ambos juren ante un crucifijo vivir como hermanos. Pero cuando poco tiempo después de las bodas le acomete la duda de que Rocco y Agrippina han violado aquel juramento, el marqués se aposta de noche detrás de un seto, y al pasar Rocco Criscione montado en su muía, le mata de un tiro de escopeta; es acusado de este delito Neli Casaccio, que tiempo atrás había amenazado a Rocco, porque al parecer cortejaba a su esposa. En este punto comienza la novela, que es la historia de la lucha secreta y feroz del marqués con sus remordimientos.
Lo sucedido está vivo y presente en toda la situación, reflejado como en un espejo embrujado en la conciencia del marqués, que primero intenta liberarse de él en la confesión, y, cuando se le niega la absolución, arranca de sí toda fe religiosa. Después de su crimen, su amor por Agrippina, que lleva en la sangre, tiene a veces apariencia de odio, es un tormento más para él; con objeto de vencerlo, el marqués decide casarse con Zósima Mugnos, a quien ha amado en su adolescencia y que ahora, a los treinta y dos años, vive con su madre y su hermana en la miseria a que las ha reducido la prodigalidad de su padre. Después, mientras Agrippina Solmo se casa por segunda vez con un pastor de aquellas montañas, el marqués se entrega a una vida llena de actividades en contraste con el aislamiento preferido por su manera de ser. Pero el recuerdo de su delito vuelve a él de continuo, en la imagen de un crucifijo abandonado en los desvanes de la casa, en las extravagancias espiritistas del abogado Aquilante y en los relatos de los campesinos que ven aparecerse a Rocco en el lugar del asesinato. Es escenario de esta lucha, un paisaje abrasado y empobrecido por seis meses de sequía que resquebraja la tierra, y diezma hombres y animales. Esta angustia va haciéndose de página en página cada vez más despiadada y acosadora, se confunde con la espera de la lluvia que los fieles invocan en procesiones y penitencias.
Finalmente, las nubes comparecen en el cielo de Rábbato y estallan en lluvia; la tierra verdea y florece, Zósima se convierte en marquesa de Roccaverdina, el inocente Neli Casaccio muere en la cárcel; muere también don Silvio La Ciura, el santo sacerdote que en confesión conoció el delito del marqués; pero éste, aunque libre de todo temor y de todo testimonio, no puede sustraerse a su juez secreto, que lo asedia y lo arrastra a la locura. Zósima, que por la locura de su marido se entera de su delito, lo abandona. Para socorrerlo, compadecida de toda aquella miseria humana, acude junto a él, toda amor y dolor, Agrippina Solmo, que está a su lado hasta que a la locura furiosa sucede el silencio de la idiotez y el presentimiento de la -muerte. Es evidente en esta novela, como en las demás de Capuana, una influencia del naturalismo de Zola, que le impulsa a seguir con espíritu verdaderamente científico la psicología del remordimiento, pero hay en toda la narración un perfume legendario que transfigura la fórmula naturalista, animada por un profundo sentido de la tierra en que se desarrolla el drama y de los hombres que en ella nacen.
O. Nemi

