[The Financier]. Novela del escritor norteamericano Theodore Dreiser (1871-1945) publicada en 1912. Es la primera de la Trilogía del deseo [Trilogy of Desire], que quedó incompleta, y a la cual pertenece El Titán (v. más abajo).
Narra la primera parte de la larga carrera de Frank Cowperwood en el mundo financiero americano de la segunda mitad del siglo XIX. Hijo de un humilde empleado de banca de Filadelfia, revela desde su niñez poca aptitud para el estudio, pero una extraordinaria capacidad para la economía, y muy pronto, en parte por la astucia y en parte por la corrupción, consigue crearse un gran caudal. Pero, al mismo tiempo, su desenfrenada sensualidad le granjea enemistades en el terreno político provocando su desastre financiero, el proceso y la condena, con lo que termina su carrera en Filadelfia. Cowperwood es presentado por Dreiser como un Casanova, especialmente en sus relaciones con las mujeres. Al igual que Víctor Radnor, el protagonista de Uno de nuestros conquistadores (v.) de George Meredith, se casa con una mujer mucho más vieja que él; pero, a diferencia de Meredith, que se limitó a trazar solamente el período culminante y la crisis final de su héroe,
Dreiser sigue el sistema de Dickens, narrando cronológicamente la vida de su héroe en sus más nimios detalles, a veces de una manera exasperadamente vulgar, uniforme y fotográfica. Según parece, Dreiser se inspiró para crear su personaje en un hombre de negocios conocidísimo en Filadelfia y Chicago, Charles T. Yerkes. Precisamente en esta novela Dreiser enunció su teoría de que el destino del hombre no es una consecuencia estricta de los propios defectos o debilidades, sino que está determinado de una manera completamente independiente de su voluntad, por su estructura orgánica y por fines que le son desconocidos. «Sufrimos a causa de nuestros temperamentos que no hemos fabricado nosotros, y de nuestras debilidades y faltas que no forman parte de nuestra voluntad o de nuestra actividad».
B. Cellini
* El Titán [The Titan] se publicó en 1914. Insiste en las aventuras de Frank Cowperwood en Chicago y Nueva York, después de haber cumplido su condena; vida y aventuras que repiten las de Filadelfia y que forman parte de la novela precedente. Se casa con la muchacha que ha había sido su amante y que determinó el revés y vuelve de nuevo a acumular dinero y a seducir mujeres. Pero en esta segunda novela la figura de Cowperwood se agiganta hasta alcanzar proporciones casi heroicas, como una especie de moderno Lorenzo de Médicis que uniese en sí al revolucionario y al sibarita. Con todo, el protagonista no sufre una verdadera evolución, ni el autor consigue librarse de los defectos ya anotados a propósito de la novela precedente, aunque también en ésta logre reunir un cúmulo de minuciosos detalles y describir episodios de vulgar brutalidad, enredos y escenas eróticas. El realismo de Dreiser llega, a pesar de todo, a representar, mejor tal vez que en la novela precedente, lo que hay de épico en la ascensión del individuo que persigue un poder despiadado, adaptando sus instintos combativos a las condiciones particulares que la lucha por la existencia ha creado en América.
B. Cellini
El contenido humano de las confesiones de Dreiser es inconmensurable y es esta riqueza, esta autenticidad, lo que ha hecho triunfar la obra a pesar de la mediocre contextura artística, y a menudo indigna, de la misma. (Lewisohn)

