El Cuzarí, Yehuda ha-Leví

Obra del poeta hebraico- español Yehuda ha-Leví (1075?-1161 ó 1178) cuya celebridad seguramente le viene, tan­to de sus magníficas poesías como de su obra apologética El Cuzarí, en la cual el autor hace la defensa de su religión judai­ca.

Hay que tener en cuenta que la época en que vivió Yehuda ha-Leví — fines del si­glo XI y primera mitad del siglo XII — fue una época de una densa literatura polémica y apologética entre musulmanes, judíos y cristianos, y aun dentro de cada religión ha­bía lucha de escuelas y sectas; así dentro del Judaísmo hubo luchas polémicas entre caraítas y rabbanitas, así como luego las habría entre maimonistas y antimaimonistas. Yehuda ha-Leví no podía sustraerse a esta corriente. Las circunstancias de su vida y de su ambiente histórico le llevaron, si no a una crisis religiosa, sí a una depuración, a un acendramiento de sus ideas religiosas, y sintió la necesidad de vindicar los títulos del Judaísmo frente a las otras creencias religiosas: Cristianismo e Islamismo, y aun frente a la secta judaica de los caraítas, pero sobre todo, frente a los excesos de la filosofía racionalista entonces imperante, que amenazaba socavar los últimos sillares sobre los que descansaba el edificio de la fe revelada. Y esta obra apologética fue moldeada sobre un cañamazo de clásica es­tirpe oriental, y que en el caso de Yehuda ha-Leví tenía el prestigio de un hecho his­tórico: un rey de un pueblo hugro-eslavo, el pueblo de los Hazares o Kuzares, que habitaba en las cercanías septentrionales del Mar Negro, lleno de buena fe en sus obras y de pureza en su corazón, pero envuelto en las calígines e ignorancia del paganismo, siente la necesidad de remontarse a la verdadera religión: procura ser instruido en la fe de los cristianos, en la de los musul­manes, y, por fin, viendo la base bíblica en que descansan estas dos religiones, acude a un sabio judío, quien le conquista para su religión y le instruye en la misma, sol­ventando las dificultades de toda índole que asaltan a su regio neófito.

La obra está es­tructurada en un prólogo y en cinco libros o Discursos en los cuales el sabio israelita o Haber expone su doctrina al rey de los Cuzaríes y solventa las dificultades que éste le presenta. En el discurso primero desarro­lla la doctrina, de origen no judaico, del carácter divino amr ilahí del pueblo ele­gido, el cual gozaría como de una irradia­ción de carácter y trascendencia divina. En el discurso segundo se ponderan principal­mente los títulos trascendentales de la Tie­rra Prometida, escenario de la Revelación y de la Teofanía, vivero esencial de la re­ligión judaica; el autor se queja del des­amor que los judíos de su tiempo sentían por ella, y ansia por una restauración de un sionismo teológico que permita la palin­genesia de la religión judaica en toda su plenitud; en el discurso tercero se hace la defensa de la tradición religiosa judaica, de su liturgia, y se combate a los caraítas, con­trarios a tal tradición; el discurso cuarto es un alegato en pro de la mística judaica, contenida en el Séfer Yesirá, y en el dis­curso quinto se arremete contra la ciencia filosófica, de origen pagano, contra sus te­sis racionalistas; en todo ello se refleja la posición anti intelectualista de nuestro au­tor, quien al final ya se presenta como ansiando reintegrarse a la Tierra Prometida, para restaurarla en sus títulos y expiar los propios pecados. La obra El Cuzarí fue es­crita en árabe, pero muy pronto se tradujo al hebreo, al castellano y se divulgó gran­demente.

J. M.a Millas Vallicrosa