De la Luz, de los Colores y del Iris y Otras Cosas Anejas, Padre Francesco Maria Grimaldi

Dos libros de fisicomatemática [Physico-Matheis de Lumine, Coloribus et Iride, aliisque adnescis Libri II]. Tratado de óptica del Padre Francesco Maria Grimaldi (1618-1663), pu­blicado en Bolonia en 1665.

Se trata de un caso quizás único en la historia de la ciencia; porque, de los dos libros que com­ponen la obra, el primero, de 472 páginas, en latín, a dos columnas, está dedicado a la demostración de una tesis, mientras el segundo, de sólo 60 páginas, está dedicado a la defensa de la tesis contraria. El hecho es aún más interesante si se tiene en cuenta que la obra es póstuma, por lo que no puede pensarse en una conversión. Además, esta extraña circunstancia está expuesta ya, con toda claridad, en el frontispicio, tanto del primero como del segundo libro. En el primer libro se defiende con todo vigor la tesis de la «sustancialidad» de la luz; en cambio, en el segundo se demuestra que puede sostenerse también su «accidentali­dad». Este era el gran problema de princi­pios del siglo XVII, cuando, explicado el mecanismo de la visión, se generalizó la convicción de que la luz era algo externo al individuo, propagado por rayos rectilí­neos, mientras que, hasta entonces, las opiniones se habían dividido entre la di­rección pitagórica, que .quería que los rayos saliesen del ojo, y la de que cada objeto emitía «cortezas» impalpables, capaces de penetrar en el ojo para hacer ver las formas y los colores del objeto.

Vencidas aquellas estructuras teóricas después de dos milenios de vida, y aceptada la idea de que un «lumen» se separaba de las fuentes para iluminar los objetos y llegar a través de éstos al ojo, ya directamente, ya por refle­xión o por refracción, siguiendo trayecto­rias rectilíneas, surgió el problema de la naturaleza de este ente; y mientras los pe­ripatéticos, recogiendo una idea lanzada por Aristóteles, aunque en forma bastante rudimentaria y vaga, habían abrazado la hipótesis de que la luz era un accidente, del género de la cualidad, que luego se definió mejor como un movimiento, se fue formando una minoría de filósofos natura­listas que, recogiendo las ideas ya esbozadas por Al-Hazén y Descartes, quería ver en la luz una sustancia que luego se definió me­jor como un haz de corpúsculos extraordi­nariamente veloces. El Padre Grimaldi, en el primer libro, acumula argumentos para sostener la tesis corpuscular y para destruir la accidental; luego, en el segundo libro, reconoce lealmente que la tesis accidental no se había destruido todavía y podía hacer frente a la contraria.

En esta discusión, que sirve para demostrar la perplejidad de todo el mundo científico de la época sobre el difícil problema, se analiza además la na­turaleza de la materia, se insinúa el com­plejo de las propiedades conocidas de la luz y de las relaciones entre ésta y la materia; y se traza así un cuadro completo de la física en la primera mitad del siglo XVII. En este cúmulo de – noticias y experiencias resaltan dos conquistas de valor excepcio­nal. Una es el descubrimiento de un fenómeno que el autor llama «difracción» y que sigue llamándose así, pese a que Newton no quisiese admitirlo. Haciendo entrar la luz del sol a través de un diminuto orificio en una habitación oscura y colocando en el camino del haz de rayos así obtenido pe­queños obstáculos, como hilos, agujas, etc., el Padre Grimaldi advirtió que su sombra no quedaba nunca netamente limitada, sino que tenía bordes extraños, rodeados de estrías coloreadas, que hoy se llaman «fran­jas». También advirtió que, si en el haz de luz obtenido como queda dicho se in­terponía un obstáculo opaco con un pequeño orificio, la luz, al traspasarlo, se alargaba y se disponía también en franjas coloreadas.

Dio justamente mucha importancia a dicho fenómeno, tanta que con ello empezó su obra; lo discute, y, aún sin conseguir darle una teoría satisfactoria, lo estudia con mucho cuidado desde el punto de vista ex­perimental, llegando a excluir absoluta­mente que pueda tratarse de reflexiones ni refracciones. Otra conquista importante es la refutación de la opinión general de que los colores son a modo de «cortezas» que la luz, siempre blanca, arranca a los objetos y lleva a los ojos. El autor demuestra con la experiencia y con el razonamiento, que los colores habían de considerarse modifi­caciones de la misma luz; y adelanta una hipótesis que luego había de tener mucho éxito: atribuye la diversidad de colores a la diversidad de frecuencia de una vibra­ción de la que debían estar dotados los corpúsculos que constituían la luz. Cuando, en el segundo libro, vuelve a la teoría ac­cidental de la luz, el autor se esmera en poner en evidencia, incluso en el frontispi­cio de dicho libro, que la naturaleza de los colores había de ser, de todos modos, con­siderada tal como él había demostrado.

El padre Grimaldi murió en Bolonia a los 45 años escasos, consiguiendo apenas terminar la composición de esta obra que re­sume el trabajo de toda su vida. Tuvo el mérito de preparar el terreno a dos grandes sucesores, como fueron Newton y Huyghens; el primero de los cuales, que tenía 23 años cuando fue publicada, se hizo de­fensor a ultranza de la teoría corpuscular, mientras Huyghens aportó importantes con­tribuciones a la teoría rival. Así el De Lumine del Padre Grimaldi constituye el primer gran capítulo de la historia de la lucha entre estas dos direcciones; y es interesante notar que cada una de ellas, en los siglos sucesivos, ha conseguido sacar de la experiencia elementos a su favor y en contra de la otra.

V. Ronchi