Lusitania Transformada, Fernáo Alvares do Oriente

[Lusitania transformata]. Novela pastoril, en tres libros, del portugués Fernáo Alvares do Oriente (1540-1595). Es una imitación de la Arcadia (v.) de Sannazaro, según confiesa el autor, pero de un Sannazaro filtrado a través de la Diana de Montemayor y de Los Lusiadas de Camóes.

El pastor Felicio (el autor), preso del afán de viajar, se va a la Arcadia, de donde vuelve con la zampoña de Menelao, que Sincero (San­nazaro), después de haber conmovido con ella a la naturaleza, había colgado de un árbol. Se establece en la región compren­dida entre los ríos Nabáo y Zezere, que confluyen juntos en el Tajo, donde viven varios pastores gobernados por Severo. Casi todos están desilusionados de la vida y del amor, y la narración de sus desventuras constituye el argumento de todo el primer libro. En el segundo se describe la peregri­nación a un santuario de la .Virgen, más allá del Zezere, y allí los pastores se en­cuentran con Sincero, con quien pasan va­rias horas. Durante las reuniones de los pastores junto al santuario, Felicio cuenta la historia de Saladino, un príncipe indio que, por no haber conseguido el amor de una campesina, se suicida ante ella, y luego la aventura personal de un fallido matri­monio con Thecrina, muchacha de Goa, en la India.

En esta narración se inserta la de la princesa Dinabella y del príncipe de Arima, que, tras innumerables aventuras, se casan en el Palacio de la Cortesía, en la isla de Formosa. Estas dos historias termi­nan en el libro tercero, en el que Felicio cuenta también su propio retorno de la India, y recuerda una detención forzosa en Etiopía, donde encontró a Ribeiro, que re­sultó ser el propio Sincero. Éste deja a los pastores y vuelve a su patria. Sigue la na­rración de los infelices amores de Urbano, Jacinto y Florimonte por la bella e incons­tante Laurelia, y se hace referencia a la muerte de Pierio y el dolor de su viuda Castalia. Muchos otros motivos se insertan en la novela, que termina con las fiestas de Diana. En el cuadro literario de la vida pastoril, que es el símbolo del amor como tendencia de la naturaleza, la novela reúne una serie de casos amorosos independientes entre sí, en los que la pasión es analizada, saboreada y extremada en imágenes, sím­bolos y metáforas atrevidas y conceptuosas. En los diálogos, que siempre son en verso, y en las prosas, se insertan sonetos, glosas, canciones, églogas, que por su exquisita línea melódica nos muestran al autor como a uno de los más destacados y más sensi­bles seguidores de Petrarca de la escuela portuguesa.

L. Panarese