[Vom Umsturz der Werte. Der Abhandlungen und Aufsdtze zweite durchgesehene Auflage]. Obra del filósofo alemán Max Scheler (1874-1928), publicada en Leipzig en 1915. Recoge, revisados, diversos ensayos del autor, ya escritos y publicados desde el 1912 al 1914. La obra está dividida en dos volúmenes que contienen diversos ensayos entre los cuales los más importantes son: «Rehabilitación de la virtud» ¡«Zur Rehabilitierung des Tugend»], «El resentimiento en la formación de las morales» [«Das Ressentment im Aufbau der Moralen»], «Los ídolos del conocimiento de sí mismo» [«Die Idole der Selbsterkenntnis»], «Búsqueda de una filosofía de la vida» [«Versuche einer Philosophie des Lebens»] y «El porvenir del capitalismo» [«Die Zukunft des Kapitalismus»]. Aplicando el método fenomenológico y las ideas desarrolladas en el Formalismo en la Ética (v.), Scheler estudia la situación espiritual, manifestación de una grave crisis interior, de la burguesía contemporánea.
Estos ensayos tienden a enseñar, frente a las trágicas peripecias que el mundo burgués ha tenido que soportar y que llegaron a su punto culminante con la guerra mundial, el camino de redención y reconstrucción en un socialismo cristiano, cuyos problemas más estrictamente teóricos han sido examinados en Lo eterno en el hombre (v.). De todos estos ensayos, con mucho, es el más importante el del «resentimiento», con el cual Scheler demuestra haber merecido el nombre de «Nietzsche cristiano». Nietzsche, en la Genealogía de la Moral (v.), había reprochado a la moral cristiana el haber nacido del «resentimiento». Scheler recoge el problema para desarrollar en cambio el concepto de un nuevo cristianismo, o sea, según su intención, restaurar el verdadero espíritu del cristianismo primitivo. Cuando un impulso de reacción contra algo que mortifica la personalidad es inhibido sin exteriorizarse, va incubándose en el interior del sujeto; y si no puede desahogarse de una manera inmediata en forma de venganza, envenena los sentimientos anteponiendo a los actos de valoración, sentimientos perversos que llevan a no reconocer o a negar valores para los cuales nuestra personalidad se siente negada o que son propios de personas a las cuales odiamos. Éste es el «resentimiento». En general se forma en individuos, y más aún en grupos de «dominados», de personas que sirven; pero cuando es tan fuerte puede llegar a contaminar otros grupos, otros individuos, e incluso a sociedades enteras, originando una ética. El caso más interesante es dado por el resentimiento que va unido a actos de valoración comparativa de sí mismo con otros.
En este caso hay dos actitudes posibles: el individuo «noble», por una conciencia de plenitud de su ser y de su valor personal, acepta previamente y fuera de toda valoración, los valores de que son portadores otros individuos; el «vulgar», en cambio, no puede comprender el propio valor más que en la comparación de sí mismo con otros y por medio de ésta. Si la vulgaridad va acompañada de fuerza, el hombre es de tipo ambicioso; si va acompañada de debilidad, tenemos el tipo de resentido. Una sociedad en la cual prevalezca la vulgaridad fuerte es una sociedad de competencia, una sociedad en la cual domina el mito del progreso; por el contrario, allí donde prevalezca el resentimiento, se origina un sistema completo de valoración, y una ética, como por ejemplo la ética de las sociedades burguesas, estudiada con particular atención por Scheler. Esta moral es totalmente opuesta a la moral eterna, consistente en una jerarquía eterna de valor; esta última para Scheler está representada por el cristianismo primitivo, completamente distinto del burgués envenenado y desnaturalizado por una formidable corriente de resentimiento. Pero la aprehensión de los valores es un acto de auto- conciencia, la cual, para la filosofía desde Descartes hasta el idealismo contemporáneo, lejos de producir equívocos, es el criterio mismo de la verdad. Esto es lo que niega precisamente Scheler en «ídolos del conocimiento de sí mismo»: también el conocimiento interno puede ser fuente de errores, o mejor dicho, de ilusiones y desviaciones de la verdad. Una filosofía fundamentada en el procedimiento fenomenológico de la intuición de las esencias debe afirmar que el Ser absoluto es evidente y adecuadamente cognoscible en cada esfera de la experiencia, ya sea externa o interna.
Y en los dos campos hay elementos de la naturaleza humana que alejan la mirada del hombre de este Ser. Es, pues, sobre esta posibilidad de un conocimiento del Ser en sí, en lo que se funda la pretensión de Scheler de una moral eterna; pero de esta manera el autor, como es posible observar en su análisis del «resentimiento», no se da cuenta de la manera cómo las diversas formas relativas de conocimiento y de ética salvan y profundizan en su dialéctica el concepto de ser como el de valor, que de otro modo perderían todo dinamismo, permaneciendo encerrados en las posibilidades contemplativas de unos pocos elegidos.
G. Preti

