Félix Mendelssohn (1809-1847) escribió dos Conciertos para piano y orquesta. El primero, en sol menor, forma el opus 25 y fue escrito en Munich el año 1832 (publicado en mayo de 1833) de regreso de un viaje a Suiza, cuando su autor sólo contaba 23 años. Las tres partes se encadenan y juegan sin interrupción según un procedimiento heredado del Konzertstück de Weber, que Mendelssohn aplica también en su Segundo concierto para piano y en su único Concierto para violín. Una preparación orquestal establece la dominante del tono de sol, sobre la cual el piano hace su entrada para lanzar el primer tema, más rítmico que melódico. Después, aparece el segundo tema, más lento, expuesto en solo para piano en el tono relativo mayor de si bemol. El tema se anima y vuelve a la agitación tempestuosa del comienzo. Ambos temas se oponen, a veces con violencia, durante el curso del desenvolvimiento central.
Una marcha lenta prepara la reexposición, en principio «piano», después «crescendo». Solista y orquesta vuelven a tomar alternativamente los elementos del primer tema. Las llamadas de los instrumentos de metal, en si mayor, encuentran eco en el solista sobre un ritmo apacible, de donde surge una corta frase melódica con una breve cadencia de un solo que introduce el segundo movimiento «andante». El «andante» en «mi mayor» expone su tema principal a la orquesta: una melodía suiza de carácter pastoral, recuerdo del reciente viaje que acaba de hacer el compositor. Este tema se embellece, en la reexposición, de arabescos delicados interpretados por el piano. Nuevas llamadas de los metales introducen un movimiento episódico en este caso, un «presto» en «sol mayor» en donde el piano se ilumina de arpegios sobre un ritmo intermediario entre el de la marcha y el de la caza como en el Konzertstück de Weber. Entonces surge ya el tercero y último movimiento, el final («molto allegro e vivace»), siendo el piano quien expone vigorosamente el tema. Este brillante final aparece concebido en la forma habitual del «rondó».
El piano es tratado aquí en el estilo de 1830 y su romanticismo se revela caluroso, de una poesía un poco anticuada en el «andante», fuertemente adherida a la estética de Weber. El segundo Concierto para piano y orquesta fue compuesto en los meses de junio y julio de 1837, en Francfort, poco después del matrimonio del músico con Charlotte Jeanrenaud, hija de un pastor de esta ciudad. Los tres movimientos aparecen encadenados. En el primero, un «allegro» en re menor, los dos temas contrastan vivamente, el primero sosegado, el segundo más turbulento, sincopado. El desarrollo, a usanza de Weber, es corto. La reexposición es audaz al iniciarse antes de que haya terminado el desarrollo; la orquesta reemprende el tema incial mientras que el solista está todavía enfrascado en su frase particular. Un solo de piano, como en el Concierto en sol, liga este primer movimiento al «adagio» y crea una atmósfera de romanza. El «adagio» relega a segundo plano el virtuosismo pianístico para dar paso a una expansión melódica, que Alfred Cortot ha comparado, no sin razón a la del dúo del segundo acto de Carmen (v.).
El final, en «allegro vivace», baja en calidad. Se intuye en él una especie de vacilación con aportaciones de relleno, como, si no teniendo ya nada más que decir, el compositor aspirase a terminar lo antes posible. Más que una inquietud por el virtuosismo o la melodía se adivina una preocupación por la sonoridad, especialmente en los pasajes arpegiados, que sólo buscan hacer vibrar los acordes. Los virtuosos, al no encontrar en este segundo Concierto ocasiones bastantes de lucimiento, lo interpretan con mucha menos frecuencia que el primero. El Concierto en re menor dio a conocer por primera vez a su autor el 21 de septiembre de 1837 en Birmingham, en el curso de un festival donde Mendelssohn dirigió también su oratorio Paulus. La orquesta es bastante reducida: 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 2 trompas 2 trompetas, timbales y el quinteto de cuerda. En el catálogo de las obras de Mendelssohn, esta composición forma el opus 40.

