Escrita para solista con acompañamiento de dos violines, viola, contrabajo y dos trompas, y después sucesivamente aumentada, en sus partituras orquestales, con todos los demás instrumentos, esta composición de Luigi Boccherini (1743-1805) consta de tres tiempos, según la forma típica del concierto, con la alternancia de las dos partes componentes, solista y orquesta. Se inicia esta última con la enunciación del tema, seguido inmediatamente por el solista, al que se confía el cometido de desarrollar la idea inicial y conducir la composición a un segundo tema que, con el primero, forma el esquema esencial del primer tiempo. Después de un continuo diálogo entre violoncelo y orquesta sobre alusiones rítmicas y melódicas sacadas de los dos temas principales, se llega a la «cadenza», en la cual se había dado primero libertad al solista para, improvisando, mostrar así todas sus cualidades técnicas y expresivas. El propio Boccherini, que fue gran violoncelista, improvisaba probablemente la «cadenza».
Así es posible, hoy, oír distintas «cadenzas» que tienen como único punto de contacto las indicaciones rítmicas y temáticas sobre las cuales se desarrolla la libre invención. El segundo tiempo, que es una de las páginas más bellas de Boccherini, consta de treinta y siete compases, todos confiados al canto del violonchelo, ligeramente sostenido por la orquesta. Reanuda en su tercer tiempo, en un «Rondó», el carácter brioso abandonado en el «Adagio» precedente. El tema inicial está basado en una figura rítmica que es la exacta inversión del primer tema del tiempo inicial. El desarrollo de este último tiempo es extremadamente sencillo: una idea principal que se repite varias veces entremezclada con otras ideas de carácter contrastante por su figuración rítmica y por su expresividad. Antes de la conclusión final se halla otra «cadenza». Esta composición, que merece situarse entre las más interesantes de Boccherini, es también una de las obras más notables de la literatura violonchelística, por la perfecta adaptación a las cualidades técnico-instrumentales del violoncelo.
R. Malipiero
Si Dios quisiera hablar a los hombres se serviría de Haydn, pero si quisiera escuchar buena música preferiría a Boccherini. (Cartier)

