Chándogya Upanishad, Anónimo

Obra místi­ca y teosófica hindú, en la cual se contiene la famosa fórmula del panteísmo hindú («tat tvam asi»: éste eres tú), dividida en seis lecturas.

La primera es una especie de introducción a la mística del «Sáman» o canto litúrgico; la segunda descubre ana­logías impensadas entre el «Sáman» y los fenómenos más variados del universo. En la tercera se tiene la identificación del alma universal, con un metro poético védico, la «gáyatri» de 24 sílabas, con el alma indi­vidual, con el espacio infinito y con el pen­samiento; en la cuarta el alma universal es identificada con la individual y se plan­tea el problema de la vida futura. La quin­ta lectura consta de tres partes distintas: la primera trata de un rito mágico, que asegura la hegemonía; la segunda es una especulación cosmogónica y escatológica; la tercera una discusión entre teólogos acerca del alma común a todos los hombres. La sexta lectura contiene un coloquio entre el sabio Uddálaka Aruni y su hijo acerca de la unidad del ser: «Tráeme — dice el sa­bio — un fruto del árbol nyagrodha» (ficus indica). «Helo aquí, señor». «Pártelo». «Ya está partido, señor». « ¿Qué ves en él?» «Es­tos minúsculos granos, señor». «Pues parte uno de ellos». «Ya está partido». «¿Qué ves en él?» «Nada, señor». Entonces el padre dijo: «El principio sutilísimo que tú, que­rido, no percibes, es el que hace elevarse este gran árbol de uyagrodha», y más ade­lante: «Pon esta sal en el agua y mañana por la mañana ven a verme». El hijo obe­dece. A la mañana siguiente, ya no encuen­tra la sal.

El padre le invita a probar el agua; está salada. Como la sal está en el agua y no se ve, así está el ser en todas las cosas. La séptima lectura es un diálogo entre dos sabios, uno laico y otro teólogo, respecto al alma individual. «Quien verda­deramente ve, no ve la muerte, ni la en­fermedad, ni el dolor; quien verdaderamen­te ve, ve el todo, alcanza el todo por todas partes». Aquí se percibe un eco del pesi­mismo budista y al nirvana budista nega­tivo se contrapone el brahmánico. La octava lectura se refiere al lugar donde reside el alma individual y su verdadera definición y su finalidad es la elevación del estudiante brahmánico. La doctrina enseñada en esta Upanishad (v.) es el monismo idealista, pero el mundo es en ella considerado como real. Todo está penetrado por el absoluto, y el absoluto no se identifica con este uni­verso, sino que lo supera, le es inmanente y lo trasciende. Trad. francesa de É. Senart (París, 1930) e italiana de V. Papesso (Bo­lonia, 1937).

A. M. Pizzagalli